lunes, 21 de enero de 2013

Belcebú También Monta en Buseta

Ha pasado un tiempo oscuro y largo en el que no sentí la necesidad imperiosa de escribir, tal vez porque me volví un citadino más, de esos que compran su carro a plazos y reniega de aquellos desposeídos que aún deben confinarse al paupérrimo y siempre miserable sistema de transporte urbano de nuestra bella Atenas Suramericana.  

La verdad es que a pesar de seguir montando en buses fétidos, atestados de gente, plagados de vendedores de frunas, wafers, chocolates turcos de dudosa procedencia y uno que otro cantante arruinado de voz gangosa decidí tomar un año sabático sin siquiera conocer la fama.

Pero tranquilo amigo lector, volví recargado y tal vez escriba un par de blogs más y me de otro año de asueto, aclaro sin embargo que esto no significa que deje de montar en buseta, lo seguiré haciendo, con las mismas ganas con las que tome mi primer bus sin compañía alguna, tal vez la de las almas que compartieron conmigo esa breve temporada en el averno; recuerdo haber montado por allá cuando era un imberbe mozalbete de trece años y me subí temeroso porque me faltaban cincuenta míseros y devaluados pesos para pagar el trayecto, el conductor un barrigón con camisa ombliguera mostraba sin pudor alguno el nacimiento hediondo de su trasero, una cavidad oscura y mugrienta y simple y llanamente me dejo abordar su vehículo.

El año anterior por unos cuantos días, tome la decisión de cambiar el canalla sistema de buses por el siempre moderno Transmilenio, al comienzo la rapidez con la que llegaba a mi destino me hacían olvidar los empujones contra los senos de las mujeres obesas, el aliento putrefacto de personas desconocidas que chasqueaban sin ningún asomo de pena durante minutos eternos. Gases malolientes y  anónimos que se cuelan entre las personas y emergen con furia titánica  entre oficinistas y estudiantes. Pisotones de última hora de pasajeros afanados que escupen palabras solicitando permiso entre la multitud, pequeñas y organizadas hordas de obreros que atestan las estaciones con un leve bouquet de fragancias vaporosas que al mezclarse en la multitud crean un almizcle aún más nauseabundo.

Sin embargo al cabo de unos días añore la ruta caótica y siempre llevadera que transita por la carrera séptima de mi querida ciudad, el vendedor de maní que sopla sus infecciones en la bolsa de Vinipel para llenarla de producto, el negrito que ofrece al pasajero sus galletas wafers haciendo con su jeta sonidos guturales emulando el frenado de la buseta y que conozco desde mis épocas de estudiante universitario, el vendedor de colombinas estilo el chavo del ocho y que he comprado por la simple razón de parecerme llamativas pero que he temido probar por representar un atentado a mi propia salud. También y como no olvidar al viejo infanticida que mató primero a su hijo por unas cuantas monedas y uno que otro billete con una historia que incluía a un auto fantasma para semanas después matar ahora a su hija para doblar sus ganancias a costa del dolor y el pesar.
Si definitivamente extrañaba mis viajes en buseta, esperar impaciente la ruta que me acercará como ningún bus de Transmilenio lo haría con  mi destino elegido, tener la posibilidad de ser conducido por el mismísimo Mefistófeles y anunciar mi bajada con el inmortal timbre de buseta.

Larga vida a las busetas, ni el SITP podrán destruir años de recuerdos y memorias infinitas de ello.

Nota: Belcebú solía ser conocido como el Señor de las moscas por los hebreos en una forma socarrona de burla a los adoradores de Baal ya que estos últimos solían ofrendar carne que al podrirse era   manjar para las moscas. Ya los cristianos en su afán de darle nombres a la maldad utilizaron el ya utilizado por los hebreos para representar la maldad en forma de mosca peluda y come carne.

Nota 2: Es claro que a veces las moscas también utilizan el transporte público para dirigirse a sitios distantes y desconocidos por ellas, se desconoce si como los mochileros cargan atún y exigen monedas a cambio por efectuar algún tipo de show circense de muy bajo presupuesto.