jueves, 21 de abril de 2022

Un, dos, tres y mi ñapa

 Los viernes resultaban en aquellos años gloriosos de su más tierna edad adulta la llegada de una nueva jornada de aventuras etílicas con gente igual o peor de pusilánime que usted, hoy el tiempo ha hecho mella y estragos en su figura, aquellos brazos esculpidos por el peso de la maleta y pesados libros de física y cálculo ahora son unas extremidades rechonchas que acumulan el peso de la obesidad y la haraganería, a mitad de semana, usted anhela la llegada del viernes para adueñarse del control remoto y a pesar de contar con varias aplicaciones y canales de películas, usted decide como el viejo del que alguna vez renegó, sintonizar las noticias y beber una cerveza pintoresca de esas que promocionan a buen precio en ese mercado que ahora inunda las calles de cualquier ciudad con más de 5.000 habitantes, antes de dormir se cuajó esa idea de antaño que ver las noticias para sentirse agraviado una vez más por algún acto de corrupción en cualquier institución del Estado o para enterarse en las noticias del espectáculo que una tal Mara que participó en un reality, consumió tusi y luego explican que el tal tusi es el nombre colombianizado de 2C, algo similar a lo que por estos lares le pasó a los robots Arturito y Citripio de la guerra de las galaxias, si no tiene puñetera idea de lo que le habló, este par de personajes (uno era un liliputiense que se enfundaba en el traje de robot con forma de caneca de basura en las primeras películas y el otro un droide dorado, igual siempre tendrá el recurso de google que lo saca a uno de la ignorancia) representaban a R2D2 y a C3PO, nada que ver con los nombres que le damos a todo en este cochanfre. 

El punto, si esta entrada tiene un propósito como lo repiten esos gurús del agilísmo y de cuánta teoría administrativa moderna exista y que le venden a uno como si comprara oro o agua (¿alguien se ha preguntado porque una botella de agua hoy en día es tan costosa, sobre todo en un restaurante?), en la que hay un objetivo para todo y que todo puede ser medido o de lo contrario no existe, es que la llegada del viernes en los canales nacionales que solo una inmensa mayoría puede sintonizar remata con una sección de chismes de alto turmequé, en aquel noticiero ese espacio se conoce como tres secretos y mi ñapa, esto último es una referencia local a una joda que las buenas gentes de este lodazal después de mercar en la tienda de confianza se acercan a los tenderos con esa jeta nuestra, tan menesterosa, tan traicionera y piden como si fuera un chiste un producto agregado sin costo que les satisfaga su avaricia, tal vez ni se lo traguen, al final el tendero entrega una guayaba a la que previamente le retiró dos de esos gusanos que habitan en estado de larva el interior de la fruta y menciona que es para jugo, igual ambos quedan satisfechos. Explicado este punto voy a tratar de hilar tres pequeñas historias no secretos (a quién demonios le va a interesar que un tipo como uno o como su marido señora, se que también me lee, duerme en calzoncillos) y una que al igual que el tendero le retiraré previamente dos gusanos y le diré que la licué o se haga una mascarilla para hidratar sus regordetes brazos de oficinista tercermundista mientras engulle algún producto en promoción de esos mercados locales que tanto conoce y que no le permiten pedir rebaja ni pedir ñapa. 

Uno

Son las siete de la noche, estamos en plena pandemia, el trabajo se extiende sin cesar y el jefe siempre pide un documento, informe o maricada nueva a última hora para medir, determinar, establecer el posible impago de cualquier guevonada que al soplanucas ese se le ocurre, esa noche, curiosamente la esposa de su jefe le debe estar pidiendo a él que lave los platos mientras ella acuesta al pequeño Brayan Alfredo y a la linda Cindy Patricia, aprovecha usted entonces y decide utilizar la bicicleta estática que acumula en los manubrios una incesante cantidad de camisas, corbatas utilizadas antes de la pandemia y dos ganchos de ropa que fueron mordidos por quién sabe que clase de bestia doméstica, después de ubicar las prendas de mala gana en el sillón que le regaló algún pariente que se marchaba del todo a los unaites, usted representado por el oficinista virtual se dispone a rodar desde la comodidad de su casa mientras observa alguna serie que le ayude a recordar la tan ansiada vieja normalidad, al cabo de unos minutos de pedaleo suena el timbre de su casa y no es el gran combo, es el vecino del piso de abajo con esa jeta de colombiano emputado que se asemeja a la cara que ponía uno cuando se bajaba de la buseta y se acaba de acordar que le pagó al conductor con un billete de 50 mil de la reciente quincena y el chupa pija ese le dice que no tiene vueltas y que ya le paga, que bien tenga la amabilidad de sentarse, porque esto no sobra decirlo, en ese instante son de una amabilidad pasmosa y claro uno bien inocente le hace caso y se sienta y se empieza a acordar de cosas que no tienen sentido y por ahí se queda dormido como buen trabajador colombiano que duerme placidamente en lugares inapropiados y cuando se despierta ya su paradero pasó por lo menos diez cuadras y sale entre dormido y endemoniado y se baja, ahí en ese momento en que su pie toca el piso usted recupera la memoria pero no la plata y camina los 500 metros o la distancia que sea hasta su destino final haciendo cuentas mentales de la cantidad de pasajes que acaba de regalar y hace fieros para no descuadrarse más esa quincena. Bueno esa misma cara tiene el vecino y lo mira a usted y le reclama diciendo que no son horas para hacer deporte y que el ruido esta despertando al pequeño Wilson Estiven, que si no se calla le llama la policía. Usted lo mira y mentalmente ha descuartizado y picado finamente como la cebolla junca que se requiere para hacer la changua de su mamita al vecino, no sin antes pedirle disculpas al enervado sujeto y diciendo con ese servilismo tan criollo, tan mediocre, tan pusilánime que igual ya iba a terminar. Cierra la puerta y suena su celular, su jefe necesita un informe urgente que pidieron para sacar un director de un área que dicho sea de paso no le aporta a la compañía la milla extra como dicen ahora las gentes del conocimiento ágil para referirse a no dio la ñapa en el trabajo. 

Dos

Existen pasatiempos bizarros, como aquel que me causa deleite y retrata aquel acto de escucha banal y pueril a desconocidos, ir en un bus, en un ascensor o esperar en una fila mientras las personas continuan su vida sin importar quién está a su lado, justo en ese instante se puede disfrutar e inmiscuirnos en las historias ajenas de aquellos anónimos casuales que comparten sus miserias sin proponérselo, este efímero placer, trae a mi cabeza aquella historia pueril de dos mujeres que discutían de la belleza de una anciana adicta al sexo que sobrepasaba las 70 años y que en algunas ocasiones acosaba a uno de los esposos de estas damas, la mujer cuyo esposo según ella miraba con lascivia a la vetusta mujer, mencionaba que la tal señora Margoth no tenía ninguna vena varice y tenía unas piernas sugestivas, la otra mujer asentía y decía que tenía unos senos grandes y llamativos que la hacían ver atractiva, por fortuna la descripción de la mujer se tradujo en realidad cuando la mujer sacó de su cartera el celular para mostrar la foto de una anciana de pelo corto, embutida en una faja y en un pantalón caliente que con seguridad su dueña era una sus nietas, la mujer posaba con gracia frente a un árbol como queriendo mostrarse atractiva y seria, se conjugaba entonces una postal digna de ser enviada a Belcebú previo bautizo con agua del rio Bogotá. Las mujeres justo cuando quise saber más de la sórdida historia se levantaron de sus sillas y salieron con rapidez a la estación de Transmilenio de la calle 72. Esta vez no hubo ñapa.  

Tres

Inicia el mes, una ligera lluvia se asoma por la ventana mugrienta de la buseta que avanza con dificultad entre las calles llenas de huecos y carros, los vendedores se turnan para subir y ofrecer sus productos a los pasajeros con sus caras largas y cansadas, los jovenes universitarios escuchan sonidos estrambóticos en sus audífonos, su realidad es ligeramente distinta a los oficinistas que con maña se hacen a una silla en el vehículo, las mujeres de este grupo cuidan no romper las medias veladas, el bus sigue avanzando como un pequeño barco sin rumbo, los bocinazos sacuden el ambiente melancólico, posteriormente un sujeto con cara de mecánico o de reducidor se sube con gorra y gafas oscuras a pesar de ser un poco más de las siete de la noche, la gente algo nerviosa oculta con cuidado sus bienes preciados, se preparan para alistar algunos elementos sin mayor valor cuando el supuesto delincuente suelta un alarido y entona (desentona) "para que quiero tus beeeeesoooooossss....", los pasajeros respiran mientras la oficinista de medias veladas se levanta de su silla para comenzar su travesía a la salida, algunos pasajeros entregan una moneda o dos al particular cantante. El vaivén del bus perdura mientras la lluvia se intensifica en las calles. 

Ñapa

La musa de la inspiración me ha abandonado, llevo al menos 4 días con el blog abierto pensando en una historia que sirva de ñapa, nada se me ocurre aún, tal vez hablar del viejo sabelotodo y mediocre de la clase de inglés que ralentiza todo con sus preguntas que poco o nada aportan podría servir, la vida esta llena de estos sujetos que se mimetizan para luego fastidiarlo todo, tuve un vecino con estas características que se paso de vivo y le dio por colocar un letrero rojo bien mugroso en la fachada del edificio donde en ese entonces vivía, desconocía o se hacía el guevón frente a los derechos que los copropietarios teníamos sobre la zona común, personaje funesto ese, ahora creo recordar que enseñaba inglés.. tal vez sea una señal del Universo y deba dedicarme a estudiar sánscrito. También están esos viejos* mediocres que empoderados tal vez por su aspecto creen tener derecho a todo lo demás y sin temor de Dios acusan con su dedo cadavérico a quien se sale de lo regular, no ceden la silla a mujeres embarazadas porque ellos no tuvieron la culpa, no colaboran en actividades que requieran esfuerzo físico ya que sufren de una hernia discal pero son los primeros en ponerse cortos para jugar micro o banquitas** con los compinches de su misma especie del barrio. Realmente la inspiración no aparece, le recomiendo o sugiero textos alternativos, hay mucha teoría de conspiración que está más viva que nunca, le vendría bien retomar sus clases de filosofía que alguna vez quiso iniciar luego de leer tres capítulos del Mundo de Sofía, esta aún a tiempo la verdad. 

Inspector Archundia

*Cualquier hombre mayor no necesariamente en edad de jubilación que se cree con la autoridad moral de hacer lo que se le da la regalada gana sin perjuicio social. 

**Deporte de gamberros y galas principalmente jugado en empresas dedicadas a la manufactura en las que se dice jugar fútbol en espacios cerrados o con canchas asfaltadas con un balón minúsculo pero duro como una piedra en la que el fin no necesariamente es anotar un gol sino ridiculizar al rival con jugaditas culas y despreciables. Los mejores jugadores usan medias escurridas y para tener mejores sensaciones en sus movimientos utilizan doping técnico que no es más que usar gaseosa o agua de panela en la suela del calzado para mejorar el agarre al piso. 


jueves, 14 de abril de 2022

Años Después...

 He vuelto, no sé por qué carajos volví a este blog, a esas historias insufribles de años atrás, han pasado casi diez años desde la última entrada, una pandemia que aún se cierne sobre nosotros y múltiples sucesos que van desde la presidencia de Trump, un viejito que todo lo olvida y un mequetrefe local que solo algunos enajenados mentales aún defienden. 

Hace rato, no me trepó en un bus, no es que no me interese, es que ahora por esas cuestiones de la tecnología y la virtualidad todo se hace desde la casa y desde el computador, podría entonces escribir historias pueriles que relaten la cotidianidad de mis vecinos o que el portero del edificio donde vivo después de las 8:00 p.m. asume que esta solo en la galaxia y que puede hacer sus miserias con la puerta abierta del baño, también algunas veces cuando bajo sin hacer mucho ruido come en un plato desportillado y a falta de cubiertos usa su cédula con maestría. Es curioso, hoy en día y después de la pandemia muchos juraban que seríamos mejores personas, la verdad no lo somos, realmente tampoco lo fuimos antes, no sé quién pensó que esto iba a producir algo así como una iluminación generalizada. Hoy el hecho es que somos peores y si usted se atreve a contradecirme haga un estudio que lo compruebe o búsquese otro blog que actualicen regularmente y le enseñen a comer o a afeitarse o mejor aún a peinarse como un bobo, tal vez le vean potencial y lo elijan presidente. 

Volviendo a lo importante o a lo menos importante la verdad, hoy en día, diez años después de la última entrada o el tiempo que haya sido, me he dedicado a producir mensajes de felicitación de cumpleaños con algunas ligeras variaciones a familiares que escasamente los recuerdo o definitivamente no se quienes son, no es que sea un mal familiar, pero hoy en día los grupos de WhatsApp son una realidad extendida de nuestro ser social, al carajo lo que alguna vez fue Facebook, hoy en día sin desearlo uno resulta metido en un grupo llamado "Los de siempre", "Amigos", "Prom (ponga aquí el año de su graduación)" y una mano de pendejadas que al comienzo pueden tener un gran impacto, sobre todo esos grupos que traen añoranzas, pero que al cabo de la emoción inicial, se activan únicamente cuando una celebración de cumpleaños de un miembro se trata o para mencionar el fallecimiento de aquel profesor, viejo amigo o celebridad local del colegio o de la universidad, estos grupos están en esa categoría de saludos que uno se da con gran efusividad con un "amigo" del colegio o de la universidad que no pertenece a ningún grupo conocido de WhatsApp y que ahora es un completo desconocido, el intercambio inicial de abrazos y palabras comunes como el ya tradicional, qué más? en qué anda? oiga que chevere, nos tenemos que volver a ver o el más clásico tenemos que cuadrar algo, para una vez finalizado el encuentro esperar y rogar al universo que ese instante no se vuelva a repetir en los próximos setenta años, tal vez y para darle un poco más de picante al asunto, este momento puede resultar más desastroso cuando su antiguo camarada es ahora vicepresidente del globo terráqueo y usted acaba de ser nombrado analista senior de su modesta empresa gracias a los ya 20 años de servicio continuo y desinteresado, entonces esa respuesta de que hace usted ahora da paso a presentar al pequeño Austin Camilo y a la hermosa Dayana Cecilia, esta última una combinación desastrosa de nombres que eligió para calmar las aguas de su esposa y tía madrina cercana suya a las que prometió elegir el nombre de la pequeña infanta heredera de su colección de balones de fútbol de los mundiales. El saludo, desea usted que fuera breve, precoz como su vida sexual reciente, pero siempre implica ese insulso intercambio de números telefónicos que agravan y lesionan más su confianza, cuando saca su celular y su compañero exitoso le marca, usted olvido dejar en silencio el condenado aparato y suena si, esa canción que usted musicalizaba con la argolla contra si, el vidrio de la siempre vilipendiada buseta, que aunque ya no la monte, sigue habitando en usted, lo persigue, como a usted también le tocó corretear esa maldita buseta para que lo llevará a su destino a tiempo, ya que sabía por el calibrador amigo que veía siempre en el paradero y que le confirmaba con esa jeta llena de mugrosos bigotes mal recortados e incipiente rosácea que el próximo vehículo pasaría en unos 15 minutos y debe pasar llena porque ya viene con los sárdinos que van a clase de 7:00 a.m. mientras sorbía un tinto recargado, negro y dulzón. El amigazo suyo ya se ha marchado con esa sonrisa pétrea, fingida, cula y usted está ahí parado como un guevón, en medio de una multitud o en medio de la nada, recordando esos años que ya pasaron y volviendo hacer cuentas de lo que le falta para pensionarse, mientras tanto la pequeña Dayana Cecilia le jala el brazo para pedirle un helado de crepes y usted con esa cara de bobo bien administrada se queda pensando en que un mentecato resultó presidente y un cercano suyo es un vicepresidente, entonces, por qué no, ir por el carambobo grande de la coordinación en su empresa, la jeta de alfeñique ya la tiene. 


Inspector Archundia 





lunes, 21 de enero de 2013

Belcebú También Monta en Buseta

Ha pasado un tiempo oscuro y largo en el que no sentí la necesidad imperiosa de escribir, tal vez porque me volví un citadino más, de esos que compran su carro a plazos y reniega de aquellos desposeídos que aún deben confinarse al paupérrimo y siempre miserable sistema de transporte urbano de nuestra bella Atenas Suramericana.  

La verdad es que a pesar de seguir montando en buses fétidos, atestados de gente, plagados de vendedores de frunas, wafers, chocolates turcos de dudosa procedencia y uno que otro cantante arruinado de voz gangosa decidí tomar un año sabático sin siquiera conocer la fama.

Pero tranquilo amigo lector, volví recargado y tal vez escriba un par de blogs más y me de otro año de asueto, aclaro sin embargo que esto no significa que deje de montar en buseta, lo seguiré haciendo, con las mismas ganas con las que tome mi primer bus sin compañía alguna, tal vez la de las almas que compartieron conmigo esa breve temporada en el averno; recuerdo haber montado por allá cuando era un imberbe mozalbete de trece años y me subí temeroso porque me faltaban cincuenta míseros y devaluados pesos para pagar el trayecto, el conductor un barrigón con camisa ombliguera mostraba sin pudor alguno el nacimiento hediondo de su trasero, una cavidad oscura y mugrienta y simple y llanamente me dejo abordar su vehículo.

El año anterior por unos cuantos días, tome la decisión de cambiar el canalla sistema de buses por el siempre moderno Transmilenio, al comienzo la rapidez con la que llegaba a mi destino me hacían olvidar los empujones contra los senos de las mujeres obesas, el aliento putrefacto de personas desconocidas que chasqueaban sin ningún asomo de pena durante minutos eternos. Gases malolientes y  anónimos que se cuelan entre las personas y emergen con furia titánica  entre oficinistas y estudiantes. Pisotones de última hora de pasajeros afanados que escupen palabras solicitando permiso entre la multitud, pequeñas y organizadas hordas de obreros que atestan las estaciones con un leve bouquet de fragancias vaporosas que al mezclarse en la multitud crean un almizcle aún más nauseabundo.

Sin embargo al cabo de unos días añore la ruta caótica y siempre llevadera que transita por la carrera séptima de mi querida ciudad, el vendedor de maní que sopla sus infecciones en la bolsa de Vinipel para llenarla de producto, el negrito que ofrece al pasajero sus galletas wafers haciendo con su jeta sonidos guturales emulando el frenado de la buseta y que conozco desde mis épocas de estudiante universitario, el vendedor de colombinas estilo el chavo del ocho y que he comprado por la simple razón de parecerme llamativas pero que he temido probar por representar un atentado a mi propia salud. También y como no olvidar al viejo infanticida que mató primero a su hijo por unas cuantas monedas y uno que otro billete con una historia que incluía a un auto fantasma para semanas después matar ahora a su hija para doblar sus ganancias a costa del dolor y el pesar.
Si definitivamente extrañaba mis viajes en buseta, esperar impaciente la ruta que me acercará como ningún bus de Transmilenio lo haría con  mi destino elegido, tener la posibilidad de ser conducido por el mismísimo Mefistófeles y anunciar mi bajada con el inmortal timbre de buseta.

Larga vida a las busetas, ni el SITP podrán destruir años de recuerdos y memorias infinitas de ello.

Nota: Belcebú solía ser conocido como el Señor de las moscas por los hebreos en una forma socarrona de burla a los adoradores de Baal ya que estos últimos solían ofrendar carne que al podrirse era   manjar para las moscas. Ya los cristianos en su afán de darle nombres a la maldad utilizaron el ya utilizado por los hebreos para representar la maldad en forma de mosca peluda y come carne.

Nota 2: Es claro que a veces las moscas también utilizan el transporte público para dirigirse a sitios distantes y desconocidos por ellas, se desconoce si como los mochileros cargan atún y exigen monedas a cambio por efectuar algún tipo de show circense de muy bajo presupuesto. 

miércoles, 29 de febrero de 2012

Silla Desocupada

Acepto que una de las principales características de este blog es que procuro mantener un lenguaje cómico, algo así como chistoso de las situaciones propias del transporte público en Bogotá, pero resulta también que hay días como los tiene usted en los que por más que quiero ser chistoso no lo logro, tengo mis días de amargura, de felicidad, de tristeza, de nostalgia, de cualquier vaina. Haga de cuenta como un ser humano de esos que deambulan por la Caracas o la Séptima con paso apresurado y ojos en el piso.

Hoy o más bien esta semana empezaron a suceder muchas cosas que las considero muy positivas, había soñado durante algunos meses con las cosas que me han estado sucediendo, fueron tantas las cosas que pensé en su momento y me imagine haciendo que ahora que finalmente ocurrió aquello que tanto espere, me quede en silencio, mudo, sin acción alguna. Y si usted me pregunta que tiene que ver esto con un bus, tranquilo, hay días en los que uno se sube al puñetero bus y uno simplemente encuentra una silla y le ocurre que no le da sueño, es poco común claro, pero en mi caso el movimiento del bus siempre logra arrullarme y produce en mi un sueño como el que le produce a los individuos que en esas zonas soporíferas de tierra caliente devoran con ansía un sancocho de diga usted nicuro y duermen su modorra en cualquier lado.

Nota 1. Si no conoce al Nicuro, este bello ejemplar de río conocido también como el Rey de la Subienda le recomiendo una vez más buscar la jetita de este animal en Google.

El punto es que usted no duerme, no se duerme en el bus y esta en los días de ser reflexivo, haga de cuenta como cuando su papá o mamá ven un programa del señor Duque Linares y al día siguiente en el desayuno, preferiblemente, su papá lo mira con esa cara de consejo de vida, le da esa mirada que es dulce pero que implican las siguientes palabras, si mi papá me hubiese dicho esto, sería otra mi vida, otros mis sueños. Lea una vez más y utilice la voz de su Papá. Bueno, no sé si entendió mi tesis, pero esta usted en esos días. Y en el bus de repente se sube un tipo con voz quebrada y le dice que él antes cantaba, porque es de una región de Colombia llamada Papunahua y usted lo mira y el pobre tipo no tiene cara de pertenecer a ningún territorio insular de nuestro país en lo profundo del Océano Pacifico, porque recuerda usted después de algunos segundos que la isla Colombiana en el Pacifico se llama Malpelo y posiblemente esta a miles de kilómetros de Papúa y el sujeto con esa cara de desconcierto que solo tenemos los colombianos desposeídos y también el buen volante diez del Junior de Barranquilla, Giovanni Hernández, le explica que ese municipio pertenece al Departamento de Vaupés y que recientemente un conductor despiadado de esos que también abunda en las calles, le atravesó sin piedad un destornillador en el pecho destrozándole el diafragma e impidiendo que su respiración y voz le permitan cantar en al menos Colombia Tiene Talento. Mientras tanto, usted recuerda que esta en el día de su mayor sensibilidad,obviamente se apiada de esta alma abandonada por Dios y no solo le da unas monedas sino que imagina un cuadro que aumenta su tristeza, por inexplicable que parezca puede sonar en su Ipod una canción que ya nadie recuerda pero que resume su impotencia y es Debajo del Puente del Cantautor Pedro Guerra.

Le dejo el link en Youtube para que no solamente recuerde esta canción sino para deprimirlo también.
http://www.youtube.com/watch?v=eVtNX3rG8SM

Entonces, usted ya con la cara de Yordano que también mencione en mi última entrada, continúa en el bus, prisionero de sus sentimientos y es apropiado decirlo, pero las calles cuando las mira lucen más melancólicas que nunca, si el bus pasa por la 15 con 85 usted recuerda sus épocas de joven, de los amigos que tuvo en su momento y están mejor que usted a pesar de ser unos vagazos, si pasa por una panadería piensa en los daños colaterales que ha causado el pan en usted y sea usted hombre o mujer siente un ligera tristeza de vanidad, eso también existe. Por extraño que parezca los días de tristeza o trascendencia están acompañados por lluvia o un viento helado que sugieren irse a una montaña a escuchar el sonido de las ramas de los árboles. Esto último es importante, de un tiempo para acá, creo que todo pudo comenzar con el pánico del nuevo milenio o la Película de Terminator II, la gente es simplemente más espiritual, la gente hace Yoga, lee a Osho, comen vegetariano y utilizan las frases de Coelho con esa actitud poco humilde de los nuevos citadinos iluminados que están más cerca de la ascensión pero se esfuerzan por tener al menos su Iphone o Blackberry cerca para no estar desconectados el día del Juicio Final.  

El bus continua su trayecto y usted sigue en esa silla pensando en asuntos tan intrascendentales que se vuelven importantes solo para usted, piensa en las personas que han subido al bus con problemas y trata de culpar al gobierno, a las putas o una de sus ex novias que simplemente fue una maldita perra con usted. Siente que sus ojos se encharcan y la vida paso tan de prisa que el paradero donde debía bajarse simplemente quedo diez cuadras atrás de usted.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Parada!!

Alguna vez escuche que subir y andar en un bus de una ciudad o de un pueblo me iba a mostrar con exactitud la forma de ser de las personas del lugar, en la costa por ejemplo las personas de allá, no timbran el botoncito aquel que se ha prestado para comparaciones como el bien conocido pezón femenino y aprovecho para recordar la popularmente conocida escala mamaria, que por si alguien no la conoce, arranca con el mismísimo timbre de buseta, pasa por el pezón mortadela, da un salto y  llega al huevo de gallina y como no olvidar la siempre demandada turbina de avión. Ahora bien, en la costa los buses pueda que tengan el dichoso timbre, pero la gente apegada a la tradicional bulla, al compadrazgo, a la vecindad, hacen detener el bus con un sonoro, coloquial y oportuno grito de Parada!

Así es, la gente en la Costa cuando llega a su lugar profiere un grito que se refunde en el bochorno, se pierde en el salitre del ambiente y llega al conductor que suda una sustancia viscosa que el casi nunca efectivo Yodora puede detener.

En Bogotá, salvo que el conductor decida llevarlo a uno más cerca de su mamita, no nuestra mamita, sino la mamita del gamberro que conduce el bus, preferimos tocar ese timbre de buseta que se asemeja a las mamas femeninas, sin embargo y me declaro en este punto un defensor acérrimo de tan representativo timbre y es que esta joya nuestra que está desapareciendo del transporte público, como si no les bastara con el reparcheo de las calles ahora también nos quieren quitar más cosas de nuestra identidad. No quiero imaginar el día que Bogotá se parezca más a una ciudad del segundo mundo y ya no tenga nada que contarle a mis hijos.

Bueno, pero mi idea inicial, que no estaba relacionada con estas vainas de la idiosincrasia nacional o pueblerina, era hablar un poco de la vida del Bogotano promedio que malgasta su vida en una buseta y yo haciendo cuentas de inspector, pude llegar a una conclusión aterradora, digamos que un capitalino debe realizar dos viajes en el día, uno que lo lleva a su trabajo o universidad y otro que lo trae de vuelta a su casa. En promedio cada recorrido y siendo amables y sin incluir a transmilleno, dura una hora, es decir que al día el pobre tipo se gasto dos horas de su vida realizando actividades tan variadas como dormir, leer copias de la U, escuchar música, responder correos gracias a los avances de la tecnología o mirar por la mugrosa ventana como pasa su vida sin que pase nada!!

Sigamos entonces con las cuentas, en una semana sin incluir fines de semana, van 10 horas de su vida, al año, es decir 52 semanas, tenemos 520 horas de improductividad, en diez años 5200 horas. ¿Usted sabe que es eso?, obvio que no, no lo sabe, porque no ha hecho la cuenta y la verdad yo tampoco la había hecho pero es que no sé que más escribir, por cierto esta entrada esta un hueso, si quiere y puede darselas de interesante le recomiendo el doodle de Hertz, si quiere algo chistoso los sábados con el diario Hoy están entregando una separata de chistes de Condorito.

Bueno, ya que me quede con los que son, así como en las clases de - Ponga aquí su materia preferida en la universidad, colegio y/o guardería - sigamos con este ejercicio, un Bogotano entonces, tiene que convivir con esta vaina de los buses al menos durante 40 años de vida productiva, además inventos como el pico y placa, el día sin carro y el aumento en la delincuencia en los taxis obligan a que no haya más remedio que la busetica.

Ojo ahora si a este dato, porque que cosa miedosa, mejor dicho el viejito de Saw es un bebe de brazos ante tamaña injusticia, en 40 años usted ha permanecido en un bus durante 20800 horas, lo equivalente a 866,67 días, dos años y medio mal contados. Ahora si usted ve esa cifra entenderá porque el Bogotano hace del bus su casa.

Y empecemos entonces ahora si con la entrada, erase una vez una buseta, llena de gente, tranquilos que la historia de la buseta como baño de la casa queda a la imaginación de cada quien, aunque estoy seguro que las historias no solo no faltan sino que sobran! Finalmente, Erase una buseta, con el perrito que movía la cabecita, con el peluche que decoraba sutilmente la palanca de cambios, con el forro ese que cubre el respaldar del asiento, que tiene grabado en letras verde tóxicas el anuncio de prohibido fumar como en setenta idiomas, si ese mismo que el chistoso en la ruta del colegio alguna vez se puso encima de los pantalones como si fuera un calzoncillo y desfiló como en pasarela hasta que el conductor gruñó, - Ponga aquí la voz de su conductor de bus de confianza - Bengoechea no se me tire los forritos que son nuevos, vea que eso es para su servicio.

Este busesito, transitaba por unas callecitas así todas llenas de huequitos, paraba y recogía gente, personal que se aglutinaba como una masa homogénea de olores, colores y ruidos. El busesito a eso del medio día seguía en su trabajo y ahora las gentes se subían hambrientas, con paquetes como Maicitos que huelen a pecuequitos, pastelitos de pollo con una tonalidad cetrina y obviamente no falta el degeneradito que compra un cuarto de pollito Broaster y también se lo come sin rubor, es más hace maromas para sostener la avenita helada que le enciman como sobremesa.

Estas atrocidades que no son más que nuestra idiosincrasia me hacen pensar que el modelo de bus, se replica  en la ciudad, se esta multiplicando de forma agresiva, no es más que intentar almorzar en una rotonda de comidas de cualquier centro comercial para padecer el hacinamiento en el que nos gusta vivir, es lo que los twitteros llamarían el busetastyle.

Si usted va, haga de cuenta un domingo a Unicentro y se le ocurre para aprovechar su estadía en el lugar ir a almorzar, tenga presenta que existen al menos 300 comercios dedicados a la comida - Nota al margen, que palabra sabrosa esa de comercio - y por ahí dos mesas para estos 300 comercios. Sugerencia, no vaya al medio día, madrugue, almuerce tipo nueve de la mañana, cuando las papas ni siquiera están en la olla, a esa hora puede contemplar las mesas vacías y evitar que al medio día, usted tenga que almorzar en una silla caliente recién abandonada por una señora que engulló sin reparos una bandeja paisa y que para más piedra dejo todo ahí tirado, inclusive restos atomizados de salsa de frijoles, arroz y un pintado de yema de huevo sobre el borde que al usted sentarse le manchan no la camisa sino el alma.

Si usted intenta conseguir alguien que le limpie la mesa, es una aventura casi comparable a la bajada de transmilleno en hora pico, no solo tiene que traer a la señora a los empellones sino que tiene que echarle un ojo a la mesa para que la horda de buitres que acechan mesas no le picoteen la suya.

Si usted logra esto, créame que no ha logrado nada todavía, ya que una señora que carga un bebe lo mira con cara de muñeco Jordano o Yordano y si no sabe de que le hablo ya que en su generación no flirteaban con la jeta de este mamarracho en una esquela o credencial le recomiendo buscarlo en imágenes de google para que se enamore de una vez por todas de los 80´s.

Esta señora que tiene también una pequeña variación en la versión embarazada, casi que lo obligará a pararse de la mesa, entonces pueden ocurrir dos cosas que usted este solo como un hongo y no tenga más remedio que levantarse de su preciado trofeo o que este acompañado y no tenga más remedio que cargar al muchachito mientras la madre busca una mesa para ella. Haga de cuenta, como cuando uno va en bus, lleva una maleta y una señora o un señor le ofrece a usted cargar sus pertenencias.

Este suceso es imperceptible ante la mirada esculquetas que la gente le hace cuando usted empieza a comer, hombres y mujeres gordos que miran su plato tratando de identificar el restaurante y medir comparativamente el tamaño del plato y desearlo como quien  desea la mujer de otro, personajes con la mirada extraviada que chasquean el chicle tratando de encontrar en el sabor desabrido de la goma un poco de sabor a carne, niños que lo miran con cara de terror cada vez que lleva a su boca grasosa una presa de pollo.  

Gente que atraviesa su cuerpo en el reducido espacio que existe en las mesas y los corredores procurando siempre no derramar una gaseosa de colores radiactivos que por lo general esta al margen legal de llenado. Para rematar las escalaras eléctricas vomitan sin piedad una cantidad no despreciable de comensales dispuestos a comer en mesas improvisadas que casi siempre ocupan una convención de viejos nonagenarios que tienen como caudillo a un zoquete de gorra y camiseta de alguna filiación política cristina, diga usted Mira  y hacer de ese lugar un hervidero humano, una sucursal más del averno en la tierra.

Si pregunta usted, Dios mio porque me abandonaste en este sitio, déjeme decirle, que a modo de interpretación propia, considero que el mismísimo Belzebú es el encargado de la logística de esta clase de lugares y su primo Mefistófeles es el encargo del transporte. No se usted, pero yo la verdad ampliaría el concepto de la idiosincrasia aumentando un capítulo en centros comerciales. Bueno, ¿Ustedes que Opinan?

viernes, 10 de febrero de 2012

El Bus de Placas SB-5704

Recuerdo sin ningún tipo de nostalgia las viejas placas Colombianas, unos artilugios negros con dos letras verticales y cuatro números ubicados de forma horizontal, de esas mismas placas es posible ubicar la foto en imágenes de Google la placa del bus que lleva como título esta entrada.

Ahora bien, menciono este tipo de cosas porque si existe algo que me enferma más cuando monto en bus, es que el mismo conductor o el ayudante, si el mismo que sabe Ñero - Do y un arte no mencionado en mi pasada entrada que es el Garbim - Fu, me devuelvan mis vueltas de un prístino e impecable billete de $5.000 pesos casi recién emitido por el Banco de la República con billetes sacados de las entrañas de la calle del Bronx o de cualquier habitante menesteroso y mugroso que abunda en las calles.

 De niño, recuerdo con absoluta claridad que mi papá mencionaba que los billetes fuera de su valor nominal contenían una cantidad no despreciable de mugre, suciedades y cochinadas perceptibles en laboratorio, por lo cuál era prudente que lavará mis manos después de tener contacto con el dinero. En esa época no padecía de los buses por lo cuál su recomendación era un poco exagerada para mi.

Ahora cada vez que recibo esta clase de billetes, algunos parecieran que se deshicieran, siento un deseo profundo, casi criminal de llevar conmigo, una provisión de monedas de cincuenta pesos, si las mismas que también detesto cuando me las dan en los buses, y pagar los $1.450 pesos del bus con estas monedas. Exactamente 29 monedas de $50 pesos. Si esta haciendo la cuenta en este momento con los dedos porque no me cree, tómese su tiempo, puede ayudar que $100 pesos equivalen a 2 monedas de $50 pesos. ¡Es un tip, nada más que eso!

Sin embargo y tratando de hilar esta entrada en relación a los viejos, no los viejos billetes sino los viejos en general, no dejo de pensar en esos viejos juveniles que ahora asoman en las calles como momias tratando de refrescar viejos recuerdos en sus cabezas. Algunos días atrás, en el centro de Bogotá, un viejo me aparto de su camino con su mano huesuda y temblorosa, con su lenguaje confuso que ahora entiendo gracias a uno de los emboladores de mi trabajo asumí que necesitaba pasar. Su cara estaba por explotar, lo mire y pensé en tantas personas que mueren espontáneamente mientras se alteran, le recomendé regresar a su urna mortuoria que por la cantidad de museos cercanos al lugar donde estábamos debía estar a solo algunos pasos del lugar.

Luego seguí mi camino, una vieja de mirada pérdida y con una prominente barba deambulaba recorriendo la calle acompañada de un dispositivo que le permitía respirar, parecía desconcertada con la cantidad de personas que transitaban por la misma vía que ella. Su regreso a la realidad se produjo cuando otra anciana igual de enajenada que ella le saco su chancleta, fue una batalla épica de al menos ciento ochenta años en juego. Las hubiese separado pero temí encontrarme en un nuevo reality callejero al mejor estilo de RCN, una especie de Peleando por un Sueño, con protagonistas todos de la tercera edad que desean al menos una caja de dientes, sin importar que esta sea nueva o usada.

El centro me estaba pareciendo entonces, un lugar más que peligroso demasiado confuso, los vendedores de pescado fresco cerca de la Plaza de las Nieves evocaban un halo de misterio, algunas mujeres ataviadas con batas blancas y uñas curtidas ofrecían menús variados. La presencia de variados hedores que juntos forman un almizcle  de putrefacción acompañaron mi recorrido hasta mi destino final. Ansié subir a un bus, percibir a través de un vidrio mal lavado la vejez de nuestras mentes que nos obliga ver la suciedad en todo. Sería bueno ser niño y pensar que los papas exageran bastante con sus historias.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Tercer Viaje

Son pasadas las diez de la noche, uno sale de cualquier sitio y toma un bus por la carrera séptima, si usted es un lector extranjero preste atención a lo que sigue porque esta situación revela el precario sistema de transporte público que circula por las calles de Colombia. El bus que se aproxima a usted a una velocidad cercana a la empleada por el camión de la basura se detiene ante usted, antes, usted reconoce en un vistoso cartel los barrios donde ira el vehículo y en el frente de este, el nombre del bus, que puede tomar nombres tan simples como espeluznantes. "Topogigio", "Termineitor", "El Arka de Jeison" o "La Consentida" entre otros elegidos al azar.

Al abordar el bus, recuerdo que en mis épocas de universitario, mis amigos y yo, llamábamos a este servicio nocturno el Crucero del Amor, si usted amigo lector ya paso del tercer piso recordará de forma jacarandosa la existencia de esta serie, en cambio si usted aún no llega a este piso, le recomiendo hacer uso del buscador de Google y ver las imágenes relacionadas con este exitoso programa, si su intención es conocer la trama de la serie bien puede ir a Wikipedia.

Siguiendo con esto, al abordar el bus y realizar el pago, lo primero que se nota es el aspecto lúgubre del bus, el conductor en este caso cumple el rol de capitán del crucero e ira acompañado de un primer oficial que será el encargado de recibir el pago del tiquete, las vueltas sin importar la denominación del billete que usted entregue serán devueltas en preciadas monedas de cincuenta pesos, tan escasas en estos tiempos. Lo más recomendable dada la hora y su posible cansancio es evitar la discusión con el primer oficial a pesar de la corta edad de este, ya que es un avezado conocedor de las artes del Ñero - Do y del complicado y siempre efectivo uso del gonorreísmo.

Usted después de esta situación avanzará por un sórdido corredor y al observar los pasajeros del crucero notará con curiosidad la existencia de al menos una pareja probada en las artes amatorias, un oficinista casi siempre bancario con pinta de ser contador con el último botón desabrochado; de acuerdo al estado en el que el se encuentre, pueden suceder dos situaciones, la primera que la música estridente que ambienta al crucero sea marcada con un ritmo sin igual surgido del golpe de la argolla matrimonial sobre el cristal que cumple las veces de ventana o una segunda, que el cansancio natural del bancario dada la hora lo mantenga sometido a los placeres oníricos. Un tercer ocupante es el mismísimo borracho que deja escapar de su interior vapores etílicos que impregnan el crucero, otro sujeto con cara de cascarero o rata observa con avidez las calles de la ciudad, esperando el momento adecuado para descender e ir por su presa. Al fondo, en el puesto de los músicos tres jóvenes ramplones que escupen las escalerillas de la salida mientras discuten el tamaño de los senos de alguna conocida.

Usted se sienta y las melodiosas notas de la música invaden sus oídos, la temible salsa de alcoba es la preferida por el capitán que desde la estación de mando controla no solo el timón sino las luces fluorescentes de variados colores que terminan de  atiborrar su mente de sensaciones. No hace falta explicar que las letras de la salsa de alcoba incluyen palabras como hacer, amor, piel, desnuda, caricia, amante y fugaz, debo aclarar que en algunas ocasiones y dada la hora estas palabras pueden ser también utilizadas en el Ñero - Rap.

Es probable que dada la velocidad del vehículo se monten una serie de pasajeros tan variados como los discos compactos que adornan el habitáculo del conductor, también es muy factible que un vendedor de comestibles de fecha de vencimiento indeterminada realice una última venta de galletas wafer de sabor a mandarina. Usted en este punto querrá llegar a su destino y olvidar por completo la experiencia del crucero del amor abordo del "Arka de Jeison", al menos a la velocidad camión de basura a la que es usted transportado, a su paciencia solo le restan ochenta cuadras de aventuras inolvidables. Tranquilo, relájese y déjese atender!