jueves, 21 de abril de 2022

Un, dos, tres y mi ñapa

 Los viernes resultaban en aquellos años gloriosos de su más tierna edad adulta la llegada de una nueva jornada de aventuras etílicas con gente igual o peor de pusilánime que usted, hoy el tiempo ha hecho mella y estragos en su figura, aquellos brazos esculpidos por el peso de la maleta y pesados libros de física y cálculo ahora son unas extremidades rechonchas que acumulan el peso de la obesidad y la haraganería, a mitad de semana, usted anhela la llegada del viernes para adueñarse del control remoto y a pesar de contar con varias aplicaciones y canales de películas, usted decide como el viejo del que alguna vez renegó, sintonizar las noticias y beber una cerveza pintoresca de esas que promocionan a buen precio en ese mercado que ahora inunda las calles de cualquier ciudad con más de 5.000 habitantes, antes de dormir se cuajó esa idea de antaño que ver las noticias para sentirse agraviado una vez más por algún acto de corrupción en cualquier institución del Estado o para enterarse en las noticias del espectáculo que una tal Mara que participó en un reality, consumió tusi y luego explican que el tal tusi es el nombre colombianizado de 2C, algo similar a lo que por estos lares le pasó a los robots Arturito y Citripio de la guerra de las galaxias, si no tiene puñetera idea de lo que le habló, este par de personajes (uno era un liliputiense que se enfundaba en el traje de robot con forma de caneca de basura en las primeras películas y el otro un droide dorado, igual siempre tendrá el recurso de google que lo saca a uno de la ignorancia) representaban a R2D2 y a C3PO, nada que ver con los nombres que le damos a todo en este cochanfre. 

El punto, si esta entrada tiene un propósito como lo repiten esos gurús del agilísmo y de cuánta teoría administrativa moderna exista y que le venden a uno como si comprara oro o agua (¿alguien se ha preguntado porque una botella de agua hoy en día es tan costosa, sobre todo en un restaurante?), en la que hay un objetivo para todo y que todo puede ser medido o de lo contrario no existe, es que la llegada del viernes en los canales nacionales que solo una inmensa mayoría puede sintonizar remata con una sección de chismes de alto turmequé, en aquel noticiero ese espacio se conoce como tres secretos y mi ñapa, esto último es una referencia local a una joda que las buenas gentes de este lodazal después de mercar en la tienda de confianza se acercan a los tenderos con esa jeta nuestra, tan menesterosa, tan traicionera y piden como si fuera un chiste un producto agregado sin costo que les satisfaga su avaricia, tal vez ni se lo traguen, al final el tendero entrega una guayaba a la que previamente le retiró dos de esos gusanos que habitan en estado de larva el interior de la fruta y menciona que es para jugo, igual ambos quedan satisfechos. Explicado este punto voy a tratar de hilar tres pequeñas historias no secretos (a quién demonios le va a interesar que un tipo como uno o como su marido señora, se que también me lee, duerme en calzoncillos) y una que al igual que el tendero le retiraré previamente dos gusanos y le diré que la licué o se haga una mascarilla para hidratar sus regordetes brazos de oficinista tercermundista mientras engulle algún producto en promoción de esos mercados locales que tanto conoce y que no le permiten pedir rebaja ni pedir ñapa. 

Uno

Son las siete de la noche, estamos en plena pandemia, el trabajo se extiende sin cesar y el jefe siempre pide un documento, informe o maricada nueva a última hora para medir, determinar, establecer el posible impago de cualquier guevonada que al soplanucas ese se le ocurre, esa noche, curiosamente la esposa de su jefe le debe estar pidiendo a él que lave los platos mientras ella acuesta al pequeño Brayan Alfredo y a la linda Cindy Patricia, aprovecha usted entonces y decide utilizar la bicicleta estática que acumula en los manubrios una incesante cantidad de camisas, corbatas utilizadas antes de la pandemia y dos ganchos de ropa que fueron mordidos por quién sabe que clase de bestia doméstica, después de ubicar las prendas de mala gana en el sillón que le regaló algún pariente que se marchaba del todo a los unaites, usted representado por el oficinista virtual se dispone a rodar desde la comodidad de su casa mientras observa alguna serie que le ayude a recordar la tan ansiada vieja normalidad, al cabo de unos minutos de pedaleo suena el timbre de su casa y no es el gran combo, es el vecino del piso de abajo con esa jeta de colombiano emputado que se asemeja a la cara que ponía uno cuando se bajaba de la buseta y se acaba de acordar que le pagó al conductor con un billete de 50 mil de la reciente quincena y el chupa pija ese le dice que no tiene vueltas y que ya le paga, que bien tenga la amabilidad de sentarse, porque esto no sobra decirlo, en ese instante son de una amabilidad pasmosa y claro uno bien inocente le hace caso y se sienta y se empieza a acordar de cosas que no tienen sentido y por ahí se queda dormido como buen trabajador colombiano que duerme placidamente en lugares inapropiados y cuando se despierta ya su paradero pasó por lo menos diez cuadras y sale entre dormido y endemoniado y se baja, ahí en ese momento en que su pie toca el piso usted recupera la memoria pero no la plata y camina los 500 metros o la distancia que sea hasta su destino final haciendo cuentas mentales de la cantidad de pasajes que acaba de regalar y hace fieros para no descuadrarse más esa quincena. Bueno esa misma cara tiene el vecino y lo mira a usted y le reclama diciendo que no son horas para hacer deporte y que el ruido esta despertando al pequeño Wilson Estiven, que si no se calla le llama la policía. Usted lo mira y mentalmente ha descuartizado y picado finamente como la cebolla junca que se requiere para hacer la changua de su mamita al vecino, no sin antes pedirle disculpas al enervado sujeto y diciendo con ese servilismo tan criollo, tan mediocre, tan pusilánime que igual ya iba a terminar. Cierra la puerta y suena su celular, su jefe necesita un informe urgente que pidieron para sacar un director de un área que dicho sea de paso no le aporta a la compañía la milla extra como dicen ahora las gentes del conocimiento ágil para referirse a no dio la ñapa en el trabajo. 

Dos

Existen pasatiempos bizarros, como aquel que me causa deleite y retrata aquel acto de escucha banal y pueril a desconocidos, ir en un bus, en un ascensor o esperar en una fila mientras las personas continuan su vida sin importar quién está a su lado, justo en ese instante se puede disfrutar e inmiscuirnos en las historias ajenas de aquellos anónimos casuales que comparten sus miserias sin proponérselo, este efímero placer, trae a mi cabeza aquella historia pueril de dos mujeres que discutían de la belleza de una anciana adicta al sexo que sobrepasaba las 70 años y que en algunas ocasiones acosaba a uno de los esposos de estas damas, la mujer cuyo esposo según ella miraba con lascivia a la vetusta mujer, mencionaba que la tal señora Margoth no tenía ninguna vena varice y tenía unas piernas sugestivas, la otra mujer asentía y decía que tenía unos senos grandes y llamativos que la hacían ver atractiva, por fortuna la descripción de la mujer se tradujo en realidad cuando la mujer sacó de su cartera el celular para mostrar la foto de una anciana de pelo corto, embutida en una faja y en un pantalón caliente que con seguridad su dueña era una sus nietas, la mujer posaba con gracia frente a un árbol como queriendo mostrarse atractiva y seria, se conjugaba entonces una postal digna de ser enviada a Belcebú previo bautizo con agua del rio Bogotá. Las mujeres justo cuando quise saber más de la sórdida historia se levantaron de sus sillas y salieron con rapidez a la estación de Transmilenio de la calle 72. Esta vez no hubo ñapa.  

Tres

Inicia el mes, una ligera lluvia se asoma por la ventana mugrienta de la buseta que avanza con dificultad entre las calles llenas de huecos y carros, los vendedores se turnan para subir y ofrecer sus productos a los pasajeros con sus caras largas y cansadas, los jovenes universitarios escuchan sonidos estrambóticos en sus audífonos, su realidad es ligeramente distinta a los oficinistas que con maña se hacen a una silla en el vehículo, las mujeres de este grupo cuidan no romper las medias veladas, el bus sigue avanzando como un pequeño barco sin rumbo, los bocinazos sacuden el ambiente melancólico, posteriormente un sujeto con cara de mecánico o de reducidor se sube con gorra y gafas oscuras a pesar de ser un poco más de las siete de la noche, la gente algo nerviosa oculta con cuidado sus bienes preciados, se preparan para alistar algunos elementos sin mayor valor cuando el supuesto delincuente suelta un alarido y entona (desentona) "para que quiero tus beeeeesoooooossss....", los pasajeros respiran mientras la oficinista de medias veladas se levanta de su silla para comenzar su travesía a la salida, algunos pasajeros entregan una moneda o dos al particular cantante. El vaivén del bus perdura mientras la lluvia se intensifica en las calles. 

Ñapa

La musa de la inspiración me ha abandonado, llevo al menos 4 días con el blog abierto pensando en una historia que sirva de ñapa, nada se me ocurre aún, tal vez hablar del viejo sabelotodo y mediocre de la clase de inglés que ralentiza todo con sus preguntas que poco o nada aportan podría servir, la vida esta llena de estos sujetos que se mimetizan para luego fastidiarlo todo, tuve un vecino con estas características que se paso de vivo y le dio por colocar un letrero rojo bien mugroso en la fachada del edificio donde en ese entonces vivía, desconocía o se hacía el guevón frente a los derechos que los copropietarios teníamos sobre la zona común, personaje funesto ese, ahora creo recordar que enseñaba inglés.. tal vez sea una señal del Universo y deba dedicarme a estudiar sánscrito. También están esos viejos* mediocres que empoderados tal vez por su aspecto creen tener derecho a todo lo demás y sin temor de Dios acusan con su dedo cadavérico a quien se sale de lo regular, no ceden la silla a mujeres embarazadas porque ellos no tuvieron la culpa, no colaboran en actividades que requieran esfuerzo físico ya que sufren de una hernia discal pero son los primeros en ponerse cortos para jugar micro o banquitas** con los compinches de su misma especie del barrio. Realmente la inspiración no aparece, le recomiendo o sugiero textos alternativos, hay mucha teoría de conspiración que está más viva que nunca, le vendría bien retomar sus clases de filosofía que alguna vez quiso iniciar luego de leer tres capítulos del Mundo de Sofía, esta aún a tiempo la verdad. 

Inspector Archundia

*Cualquier hombre mayor no necesariamente en edad de jubilación que se cree con la autoridad moral de hacer lo que se le da la regalada gana sin perjuicio social. 

**Deporte de gamberros y galas principalmente jugado en empresas dedicadas a la manufactura en las que se dice jugar fútbol en espacios cerrados o con canchas asfaltadas con un balón minúsculo pero duro como una piedra en la que el fin no necesariamente es anotar un gol sino ridiculizar al rival con jugaditas culas y despreciables. Los mejores jugadores usan medias escurridas y para tener mejores sensaciones en sus movimientos utilizan doping técnico que no es más que usar gaseosa o agua de panela en la suela del calzado para mejorar el agarre al piso. 


jueves, 14 de abril de 2022

Años Después...

 He vuelto, no sé por qué carajos volví a este blog, a esas historias insufribles de años atrás, han pasado casi diez años desde la última entrada, una pandemia que aún se cierne sobre nosotros y múltiples sucesos que van desde la presidencia de Trump, un viejito que todo lo olvida y un mequetrefe local que solo algunos enajenados mentales aún defienden. 

Hace rato, no me trepó en un bus, no es que no me interese, es que ahora por esas cuestiones de la tecnología y la virtualidad todo se hace desde la casa y desde el computador, podría entonces escribir historias pueriles que relaten la cotidianidad de mis vecinos o que el portero del edificio donde vivo después de las 8:00 p.m. asume que esta solo en la galaxia y que puede hacer sus miserias con la puerta abierta del baño, también algunas veces cuando bajo sin hacer mucho ruido come en un plato desportillado y a falta de cubiertos usa su cédula con maestría. Es curioso, hoy en día y después de la pandemia muchos juraban que seríamos mejores personas, la verdad no lo somos, realmente tampoco lo fuimos antes, no sé quién pensó que esto iba a producir algo así como una iluminación generalizada. Hoy el hecho es que somos peores y si usted se atreve a contradecirme haga un estudio que lo compruebe o búsquese otro blog que actualicen regularmente y le enseñen a comer o a afeitarse o mejor aún a peinarse como un bobo, tal vez le vean potencial y lo elijan presidente. 

Volviendo a lo importante o a lo menos importante la verdad, hoy en día, diez años después de la última entrada o el tiempo que haya sido, me he dedicado a producir mensajes de felicitación de cumpleaños con algunas ligeras variaciones a familiares que escasamente los recuerdo o definitivamente no se quienes son, no es que sea un mal familiar, pero hoy en día los grupos de WhatsApp son una realidad extendida de nuestro ser social, al carajo lo que alguna vez fue Facebook, hoy en día sin desearlo uno resulta metido en un grupo llamado "Los de siempre", "Amigos", "Prom (ponga aquí el año de su graduación)" y una mano de pendejadas que al comienzo pueden tener un gran impacto, sobre todo esos grupos que traen añoranzas, pero que al cabo de la emoción inicial, se activan únicamente cuando una celebración de cumpleaños de un miembro se trata o para mencionar el fallecimiento de aquel profesor, viejo amigo o celebridad local del colegio o de la universidad, estos grupos están en esa categoría de saludos que uno se da con gran efusividad con un "amigo" del colegio o de la universidad que no pertenece a ningún grupo conocido de WhatsApp y que ahora es un completo desconocido, el intercambio inicial de abrazos y palabras comunes como el ya tradicional, qué más? en qué anda? oiga que chevere, nos tenemos que volver a ver o el más clásico tenemos que cuadrar algo, para una vez finalizado el encuentro esperar y rogar al universo que ese instante no se vuelva a repetir en los próximos setenta años, tal vez y para darle un poco más de picante al asunto, este momento puede resultar más desastroso cuando su antiguo camarada es ahora vicepresidente del globo terráqueo y usted acaba de ser nombrado analista senior de su modesta empresa gracias a los ya 20 años de servicio continuo y desinteresado, entonces esa respuesta de que hace usted ahora da paso a presentar al pequeño Austin Camilo y a la hermosa Dayana Cecilia, esta última una combinación desastrosa de nombres que eligió para calmar las aguas de su esposa y tía madrina cercana suya a las que prometió elegir el nombre de la pequeña infanta heredera de su colección de balones de fútbol de los mundiales. El saludo, desea usted que fuera breve, precoz como su vida sexual reciente, pero siempre implica ese insulso intercambio de números telefónicos que agravan y lesionan más su confianza, cuando saca su celular y su compañero exitoso le marca, usted olvido dejar en silencio el condenado aparato y suena si, esa canción que usted musicalizaba con la argolla contra si, el vidrio de la siempre vilipendiada buseta, que aunque ya no la monte, sigue habitando en usted, lo persigue, como a usted también le tocó corretear esa maldita buseta para que lo llevará a su destino a tiempo, ya que sabía por el calibrador amigo que veía siempre en el paradero y que le confirmaba con esa jeta llena de mugrosos bigotes mal recortados e incipiente rosácea que el próximo vehículo pasaría en unos 15 minutos y debe pasar llena porque ya viene con los sárdinos que van a clase de 7:00 a.m. mientras sorbía un tinto recargado, negro y dulzón. El amigazo suyo ya se ha marchado con esa sonrisa pétrea, fingida, cula y usted está ahí parado como un guevón, en medio de una multitud o en medio de la nada, recordando esos años que ya pasaron y volviendo hacer cuentas de lo que le falta para pensionarse, mientras tanto la pequeña Dayana Cecilia le jala el brazo para pedirle un helado de crepes y usted con esa cara de bobo bien administrada se queda pensando en que un mentecato resultó presidente y un cercano suyo es un vicepresidente, entonces, por qué no, ir por el carambobo grande de la coordinación en su empresa, la jeta de alfeñique ya la tiene. 


Inspector Archundia