He vuelto, no sé por qué carajos volví a este blog, a esas historias insufribles de años atrás, han pasado casi diez años desde la última entrada, una pandemia que aún se cierne sobre nosotros y múltiples sucesos que van desde la presidencia de Trump, un viejito que todo lo olvida y un mequetrefe local que solo algunos enajenados mentales aún defienden.
Hace rato, no me trepó en un bus, no es que no me interese, es que ahora por esas cuestiones de la tecnología y la virtualidad todo se hace desde la casa y desde el computador, podría entonces escribir historias pueriles que relaten la cotidianidad de mis vecinos o que el portero del edificio donde vivo después de las 8:00 p.m. asume que esta solo en la galaxia y que puede hacer sus miserias con la puerta abierta del baño, también algunas veces cuando bajo sin hacer mucho ruido come en un plato desportillado y a falta de cubiertos usa su cédula con maestría. Es curioso, hoy en día y después de la pandemia muchos juraban que seríamos mejores personas, la verdad no lo somos, realmente tampoco lo fuimos antes, no sé quién pensó que esto iba a producir algo así como una iluminación generalizada. Hoy el hecho es que somos peores y si usted se atreve a contradecirme haga un estudio que lo compruebe o búsquese otro blog que actualicen regularmente y le enseñen a comer o a afeitarse o mejor aún a peinarse como un bobo, tal vez le vean potencial y lo elijan presidente.
Volviendo a lo importante o a lo menos importante la verdad, hoy en día, diez años después de la última entrada o el tiempo que haya sido, me he dedicado a producir mensajes de felicitación de cumpleaños con algunas ligeras variaciones a familiares que escasamente los recuerdo o definitivamente no se quienes son, no es que sea un mal familiar, pero hoy en día los grupos de WhatsApp son una realidad extendida de nuestro ser social, al carajo lo que alguna vez fue Facebook, hoy en día sin desearlo uno resulta metido en un grupo llamado "Los de siempre", "Amigos", "Prom (ponga aquí el año de su graduación)" y una mano de pendejadas que al comienzo pueden tener un gran impacto, sobre todo esos grupos que traen añoranzas, pero que al cabo de la emoción inicial, se activan únicamente cuando una celebración de cumpleaños de un miembro se trata o para mencionar el fallecimiento de aquel profesor, viejo amigo o celebridad local del colegio o de la universidad, estos grupos están en esa categoría de saludos que uno se da con gran efusividad con un "amigo" del colegio o de la universidad que no pertenece a ningún grupo conocido de WhatsApp y que ahora es un completo desconocido, el intercambio inicial de abrazos y palabras comunes como el ya tradicional, qué más? en qué anda? oiga que chevere, nos tenemos que volver a ver o el más clásico tenemos que cuadrar algo, para una vez finalizado el encuentro esperar y rogar al universo que ese instante no se vuelva a repetir en los próximos setenta años, tal vez y para darle un poco más de picante al asunto, este momento puede resultar más desastroso cuando su antiguo camarada es ahora vicepresidente del globo terráqueo y usted acaba de ser nombrado analista senior de su modesta empresa gracias a los ya 20 años de servicio continuo y desinteresado, entonces esa respuesta de que hace usted ahora da paso a presentar al pequeño Austin Camilo y a la hermosa Dayana Cecilia, esta última una combinación desastrosa de nombres que eligió para calmar las aguas de su esposa y tía madrina cercana suya a las que prometió elegir el nombre de la pequeña infanta heredera de su colección de balones de fútbol de los mundiales. El saludo, desea usted que fuera breve, precoz como su vida sexual reciente, pero siempre implica ese insulso intercambio de números telefónicos que agravan y lesionan más su confianza, cuando saca su celular y su compañero exitoso le marca, usted olvido dejar en silencio el condenado aparato y suena si, esa canción que usted musicalizaba con la argolla contra si, el vidrio de la siempre vilipendiada buseta, que aunque ya no la monte, sigue habitando en usted, lo persigue, como a usted también le tocó corretear esa maldita buseta para que lo llevará a su destino a tiempo, ya que sabía por el calibrador amigo que veía siempre en el paradero y que le confirmaba con esa jeta llena de mugrosos bigotes mal recortados e incipiente rosácea que el próximo vehículo pasaría en unos 15 minutos y debe pasar llena porque ya viene con los sárdinos que van a clase de 7:00 a.m. mientras sorbía un tinto recargado, negro y dulzón. El amigazo suyo ya se ha marchado con esa sonrisa pétrea, fingida, cula y usted está ahí parado como un guevón, en medio de una multitud o en medio de la nada, recordando esos años que ya pasaron y volviendo hacer cuentas de lo que le falta para pensionarse, mientras tanto la pequeña Dayana Cecilia le jala el brazo para pedirle un helado de crepes y usted con esa cara de bobo bien administrada se queda pensando en que un mentecato resultó presidente y un cercano suyo es un vicepresidente, entonces, por qué no, ir por el carambobo grande de la coordinación en su empresa, la jeta de alfeñique ya la tiene.
Inspector Archundia
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