martes, 31 de enero de 2012

Primer Viaje

Me animo a escribir un blog quizá, porque me dio pavor enfrentarme a ese libro que desde joven soñé escribir sin ir más allá de la página treinta, además, porque después de leer mis escritos una vez tras otra, considero que tuve ideas brillantes que simplemente no logre hilvanar y la historia del primer intento así como la del segundo, me parecen cada vez más sosas, sin un fin claro y completamente repetidas.

Ahora bien, porque elegí el nombre Viajes en Buseta, simplemente porque el blog Diarios de Buseta ya existía, el nombre originalmente pensado por mí, aunque claro esta y en honor a la verdad el propietario no actualiza su cuenta hace eónes de años. Se supone que este blog esta pensado en aquellos momentos en los que uno se sube a un bus de servicio público y se enfrenta a todas las situaciones que suceden o simplemente ocurren en este medio masivo.

Técnicamente debo recurrir al chascarrillo simplón para hacer de cada una de mis tragedias abordo de estas máquinas de Belcebú un momento de gracia, ¿para quien?, tal vez en principio mi novia y alguna que otra amiga o amigo desparchado al que le regale la ubicación de mi blog y tenga la verdadera intención de leerme.

De las muchas veces que pensé en arrancar con el blog los sucesos más particulares me habían sucedido, el olor a formol y muerte que acompañaba a una estudiante de Medicina de la Javeriana que se sentó a mi lado, un ladrón de espejos que hace muchos años se subió al bus y se sentó a mi lado a explicarme su negocio o las desafortunadas historias de mochileros, indigentes, desempleados, desplazados, ex - presidiarios y madres solteras de niños en brazos que estarían dispuestas a cogerse al conductor por unas cuántas monedas que le permitan pasar la noche y darle un poco de alimento a sus hijos.

Hoy que decido comenzar el blog, no tome bus ni Transmilenio como he estado haciendo en los últimos días a pesar de tener que caminar algo así como veinte minutos para llegar a casa y evitar el trancón de la séptima. Hoy un amigo me trajo y me dejo en el mismo sitio que me dejaría el bus de Transmilenio, solo media hora más tarde y ciertamente sin ser manoseado por una cantidad de personas que padecen el vivir en Bogotá como yo.

Entonces, ¿Porque empezar hoy si no tengo una historia de bus que me haya impactado y que deba contar?, lo hago porque tal vez sea hoy el día que debo empezar a escribir o mejor me dio la gana.

Hoy que pasó, un Jefe de mi empresa que es particularmente un cabrón con la gran mayoría de empleados que tiene a su cargo pero que posa de ser una chimba con los que no somos sus dirigidos, me recomendó el libro de la biografía  de Steve Jobs, su introducción al libro fue básicamente decirme que el man era un hijo de puta con la gente, pero era un genio.

Después de escuchar no lo de Steve porque la verdad me tiene sin cuidado la suerte post - mortem de este sujeto, las palabras que brotaban del Jefe, salían con un tufillo de orgullo, de malparidez que parecen untados aquellos que muchas veces son éxitosos y son los más opcionados a ocupar los puestos de las multinacionales, las grandes empresas y las estaciones de gasolina.

Creo que no será la última vez que hable con este tipo y le celebre sus chistes como el buen diplomático que nunca seré.

En el carro con mi amigo, este me contó que un sujeto de la oficina de unos cincuenta años, estaba bastante enfermo, yo la semana pasada lo vi y de verdad me produjo lástima, tenía una actitud de melancolía, como la que tienen algunos enfermos terminales que se aferran a la vida y quieren vivir en algunas horas los años que desperdiciaron en trabajos de mierda aceptando las cosas como venían. Este tipo debe empezar un tratamiento de diálisis cuanto antes, los médicos le sugirieron postularse a un trasplante de riñón y hacer los papeles de la pensión por invalidez.Ojalá y él haya hecho muchas cosas en su vida y no se arrepienta de nada, si yo tuviera su edad y pasará por ese momento me daría pánico pensar en la posibilidad de no valerme por mi mismo. De ser un estorbo para la sociedad, incluso hasta para mi mismo. Tal vez probaría las drogas por primera vez y lo hiciera en exceso para sentir por algunos segundos una sensación de libertad antes de morir de sobredosis.

La siguiente historia estuvo relacionada con el aumento de sueldo de una conocida, ella realmente trabaja fuerte, le encargan temas delicados y muchas veces es la primera en llegar y la última en irse. Él me juro que le parecía justo el aumento, la verdad yo quisiera ganar más pero seguir viviendo mi vida, es decir, salir temprano, montar bici, jugar xbox, dormir al medio día un pequeño motoso y navegar en Internet sin problema, yo la veo a ella y esta cada día más gorda, más estresada, sin un novio que se interese por ella, o al menos alguien que le pregunte sinceramente si se siente bien, además siento que vive la vida que sus papas quieren, y sostener su frágil mundo de vanidades, hablar con zoquetes que son sus amigos y que se convertirán en fanáticos del estilo de mando de Steve Jobs y pensarán que por eso ya son tan genios como lo pudo ser el fundador de Apple. La verdad de ella solo quisiera recibir su mismo sueldo, lo demás me tiene sin cuidado.  

Al bajar del carro me quede con esto, camine con un paso tranquilo y pare en Unicentro a comprar algunas cosas, fue allí donde me termine de cuestionar, ya que me encontré con la mujer que de niño me sentí enamorado, al verla mi sensación fue la misma que sentí por mi compañero de trabajo. Hace muchos años cuando los dos teníamos tal vez 17 años, juramos encontrarnos diez años después para contar nuestras vidas, ese encuentro debió ocurrir hace cinco años pero nunca sucedió, ella se caso con el novio que tuvo en el colegio después de terminar conmigo y prometerme en el bus del colegio que siempre me iba a querer. Yo empecé a trabajar, tuve algunas novias y la olvide.

Hoy al verla, pensé en los años que pasaron, yo haciendo mi vida, madurando a lo mejor, en ella, su rostro se notaba cansado, ya no tenían el mismo brillo sus ojos, en cambio su cara a pesar de tener mi misma edad estaba marcado por muchas arrugas, fue con certeza el encuentro que el joven Príncipe Siddhartha tuvo con la vejez antes de marcharse para convertirse en el monje que nunca creyó ser.  Yo no me marcho porque no tengo a donde ir, pero al final del día y llegando a mi casa, hable con mi novia, me sentí feliz de tenerla a mi lado, de tener mis riñones en funcionamiento y al menos no ser un hijo de puta como lo fue Steve Jobs, quizá nadie me recuerde por ser el creador de alguna joda tecnológica pero viviré con mi sueldo sin mayores pretensiones que hacer lo que aún puedo hacer.

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