Disculpe señor, le pague con un billete de dos mil pesos y no me ha dado las vueltas, ante lo cuál el conductor sin ningún atisbo de rubor en su rostro realiza una contra pregunta, ¿Cuántos pasajes paga?, las matemáticas son elementales y las sumas y restas para los profesionales del transporte público una condición innata a su trabajo.
El año nuevo no solo trajo como característica principal la condición de año bisiesto y la posibilidad que el mundo que conocemos y según los mayas y sus analistas occidentales finalice en una serie de acontecimientos apocalípticos sino que el aumento en los pasajes de buses fue de cincuenta devaluados pesos. Es decir el precio promedio de un bus en la ciudad de Bogotá o como dicen los comentaristas deportivos, en la Capital de la República es de $1450 pesos. Al hacer la resta, si usted paga con un billete de dos mil pesos efectivamente le alcanza para un solo pasaje. Nada más que eso, salvo que ingrese al transporte por la puerta de atrás, sea músico y lleve consigo una guitarra destemplada, un arpa que no cabe en lugar alguno salvo en un bus ayudado por algún gentil pasajero o se cuele pasando por encima del torniquete para cantarle en la jeta al pasajero su música urbana o un poco de cultura a través del Ñero Rap.
Por cierto jeta y Bogotá pueden rimar y ser parte de la estructura básica de los pseudodelincuentemúsicoindigentes que cantan en los buses de la ciudad.
Esta introducción tal y como sucede en los capítulos de Los Simpsons me lleva a pensar en el porque de mi gusto por escribir, podría citar a mi hermana y decir que ella influyó en mi, claramente lo hizo, creo un monstruo que siendo un impúber y ciertamente un imberbe a la tierna edad de 14 años empezaba a leer los poemas de Rimbaud y Baudelaire. Posiblemente a esa edad e incluso ahora sigo sin entender sus poemas pero yo fingía a mi corta edad que los entendía y que estaba mentalmente por encima del resto de mortales de mi curso en el colegio.
Ese abuso de conocimiento desmedido me hizo plasmar en la hoja del anuario que uno de mis pasatiempos era leer a estos poetas franceses, yo me pregunto ahora, que clase de joven a la edad en que su mente se asemeja a una hormona con patas pierde su tiempo tratando de entender a ese par de degenerados con psiques de pervertidos geniales.
En fin, el gusto por escribir no arrancó con ellos ni con mi hermana, debo culpar entonces a mi mamá y a mi abuela, costeñas barranquilleras que siendo un niño llenaron mi cabeza de historias tan absurdas como maravillosas, que con el tiempo y en el colegio entendí que sus cuentos se reflejaban en aquellas historias que el premio Nobel Gabriel Garcia Marquez retrato bajo la escuela de realismo mágico.
Para mi y en mis primeros años de vida no era ni realismo mágico ni cuentos maravillosos, era la certeza de saber que la mosca que sobrevolaba mi almuerzo era ni más ni menos que mi abuela convertida en insecto vigilando que yo comiera todo sin rechistarle a mi mamá, escuchar que uno de mis tíos tenía la capacidad de un súper héroe y con una mano era capaz de romperle el alma a un batallón completo de soldados profesionales.
Tal vez empezó ahí, escuchando esas historias que tan pronto aprendí a escribir quise dejarlas en algún lugar para que no se perdieran, como intentando guardar mi propia historia, sin embargo en el colegio intente ser poeta, la rabia de la edad, los primeros amores que me conducieron al fracaso sentimental, los poetas malditos y los primeros tragos me hicieron un mal escritor.
Luego, un primer intento de novela que resulto insulzo, simple, grotesco dio paso a una temporada sin mayores escritos que trabajos de universidad y una que otra idea suelta en ensayos para profesores mediocres.
La agenda que conserve durante años con "mis mejores y tal vez únicos poemas" desapareció un día de mi casa y de mi vida, la extrañe tal vez un mes o dos, se fueron muchos de los escritos de mis años de juventud en que consideraba que podía vivir algún día de escribir y ser reconocido por esto. Creyendo que las personas que tenían mi edad y escribían algo de forma pública y con un grado de fama no eran de ningún modo mejores que yo.
Era un completo pelafo que seguía buscando la combinación perfecta de letras y frases que me hiciera digno de reconocimiento, vivir en un loft, tener un Jaguar, fumar puros y tomar buen whisky mientras pasaba horas frente a un computador creando historias que algún día me llevaran a ser un fuerte candidato a un Premio Nobel.
La verdad es que no fumo, no tengo ni quiero un Jaguar, pero si me gusta el buen whisky y me parecería divino vivir en un loft. Lo de ganar un Nobel ya no lo pienso, me aburre la posibilidad de no seguir siendo yo y tener que ser amable o cabrón con las personas. No soy lo suficientemente bueno siendo completamente amable o completamente cabrón. Soy un yo a medias y sin zapatos como diría mi abuela si no tuviera el Alzheimer.
El segundo intento de escribir una novela empezó cuando viví un año en Buenos Aires, la soledad, enfrentarme a la posibilidad de que mi abuela muriera, la frialdad argentina y el desamor me llevaron a refugiarme en word. Este intento aún en las noches da vueltas en mi cabeza, como un hijo no concebido, como un mal aborto que esta anquilosado en los archivos de mi computador. Acepto que puede tener historias laterales interesantes, que parten de mi familia, de la historia de quien soy, sin embargo la trama principal es tan perversa que siento rabia por imaginar el amor así. Tan perfecto, tan irreal, tan jodidamente pendejo.
Hace ya cuatro años me fui del país, en un tiempo en que todavía ir a estudiar a la Argentina resultaba favorable para el bolsillo de los colombianos, conocí todo tipo de personas, de ideas, de ciudades, en esencia me descubrí yo, regrese cargado de sueños y justo aquí en la ciudad que me vio nacer estrelle contra el muro de la realidad varios de esos sueños, otros siguen guardados como la novela mal abortada que aún sigue ahí. Otros sueños dieron paso a realidades que he disfrutado estos años, pero de todo esto, tal vez lo que más había esperado era atreverme a escribir este blog de ñoña y a decirle también al puto conductor de bus que pago mi pasaje y el de su gran cochina madre con los dos mil pesos.
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