Acepto que una de las principales características de este blog es que procuro mantener un lenguaje cómico, algo así como chistoso de las situaciones propias del transporte público en Bogotá, pero resulta también que hay días como los tiene usted en los que por más que quiero ser chistoso no lo logro, tengo mis días de amargura, de felicidad, de tristeza, de nostalgia, de cualquier vaina. Haga de cuenta como un ser humano de esos que deambulan por la Caracas o la Séptima con paso apresurado y ojos en el piso.
Hoy o más bien esta semana empezaron a suceder muchas cosas que las considero muy positivas, había soñado durante algunos meses con las cosas que me han estado sucediendo, fueron tantas las cosas que pensé en su momento y me imagine haciendo que ahora que finalmente ocurrió aquello que tanto espere, me quede en silencio, mudo, sin acción alguna. Y si usted me pregunta que tiene que ver esto con un bus, tranquilo, hay días en los que uno se sube al puñetero bus y uno simplemente encuentra una silla y le ocurre que no le da sueño, es poco común claro, pero en mi caso el movimiento del bus siempre logra arrullarme y produce en mi un sueño como el que le produce a los individuos que en esas zonas soporíferas de tierra caliente devoran con ansía un sancocho de diga usted nicuro y duermen su modorra en cualquier lado.
Nota 1. Si no conoce al Nicuro, este bello ejemplar de río conocido también como el Rey de la Subienda le recomiendo una vez más buscar la jetita de este animal en Google.
El punto es que usted no duerme, no se duerme en el bus y esta en los días de ser reflexivo, haga de cuenta como cuando su papá o mamá ven un programa del señor Duque Linares y al día siguiente en el desayuno, preferiblemente, su papá lo mira con esa cara de consejo de vida, le da esa mirada que es dulce pero que implican las siguientes palabras, si mi papá me hubiese dicho esto, sería otra mi vida, otros mis sueños. Lea una vez más y utilice la voz de su Papá. Bueno, no sé si entendió mi tesis, pero esta usted en esos días. Y en el bus de repente se sube un tipo con voz quebrada y le dice que él antes cantaba, porque es de una región de Colombia llamada Papunahua y usted lo mira y el pobre tipo no tiene cara de pertenecer a ningún territorio insular de nuestro país en lo profundo del Océano Pacifico, porque recuerda usted después de algunos segundos que la isla Colombiana en el Pacifico se llama Malpelo y posiblemente esta a miles de kilómetros de Papúa y el sujeto con esa cara de desconcierto que solo tenemos los colombianos desposeídos y también el buen volante diez del Junior de Barranquilla, Giovanni Hernández, le explica que ese municipio pertenece al Departamento de Vaupés y que recientemente un conductor despiadado de esos que también abunda en las calles, le atravesó sin piedad un destornillador en el pecho destrozándole el diafragma e impidiendo que su respiración y voz le permitan cantar en al menos Colombia Tiene Talento. Mientras tanto, usted recuerda que esta en el día de su mayor sensibilidad,obviamente se apiada de esta alma abandonada por Dios y no solo le da unas monedas sino que imagina un cuadro que aumenta su tristeza, por inexplicable que parezca puede sonar en su Ipod una canción que ya nadie recuerda pero que resume su impotencia y es Debajo del Puente del Cantautor Pedro Guerra.
Le dejo el link en Youtube para que no solamente recuerde esta canción sino para deprimirlo también.
http://www.youtube.com/watch?v=eVtNX3rG8SM
Entonces, usted ya con la cara de Yordano que también mencione en mi última entrada, continúa en el bus, prisionero de sus sentimientos y es apropiado decirlo, pero las calles cuando las mira lucen más melancólicas que nunca, si el bus pasa por la 15 con 85 usted recuerda sus épocas de joven, de los amigos que tuvo en su momento y están mejor que usted a pesar de ser unos vagazos, si pasa por una panadería piensa en los daños colaterales que ha causado el pan en usted y sea usted hombre o mujer siente un ligera tristeza de vanidad, eso también existe. Por extraño que parezca los días de tristeza o trascendencia están acompañados por lluvia o un viento helado que sugieren irse a una montaña a escuchar el sonido de las ramas de los árboles. Esto último es importante, de un tiempo para acá, creo que todo pudo comenzar con el pánico del nuevo milenio o la Película de Terminator II, la gente es simplemente más espiritual, la gente hace Yoga, lee a Osho, comen vegetariano y utilizan las frases de Coelho con esa actitud poco humilde de los nuevos citadinos iluminados que están más cerca de la ascensión pero se esfuerzan por tener al menos su Iphone o Blackberry cerca para no estar desconectados el día del Juicio Final.
El bus continua su trayecto y usted sigue en esa silla pensando en asuntos tan intrascendentales que se vuelven importantes solo para usted, piensa en las personas que han subido al bus con problemas y trata de culpar al gobierno, a las putas o una de sus ex novias que simplemente fue una maldita perra con usted. Siente que sus ojos se encharcan y la vida paso tan de prisa que el paradero donde debía bajarse simplemente quedo diez cuadras atrás de usted.
Anécdotas de los diversos recorridos que he tenido que vivir y sufrir en busetas del servicio público Bogotano. También pueden aplicar esos pensamientos que solo surgen en la monotonía de los trancones y los apretujamientos humanos que solo se dan en estos lugares.
miércoles, 29 de febrero de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
Parada!!
Alguna vez escuche que subir y andar en un bus de una ciudad o de un pueblo me iba a mostrar con exactitud la forma de ser de las personas del lugar, en la costa por ejemplo las personas de allá, no timbran el botoncito aquel que se ha prestado para comparaciones como el bien conocido pezón femenino y aprovecho para recordar la popularmente conocida escala mamaria, que por si alguien no la conoce, arranca con el mismísimo timbre de buseta, pasa por el pezón mortadela, da un salto y llega al huevo de gallina y como no olvidar la siempre demandada turbina de avión. Ahora bien, en la costa los buses pueda que tengan el dichoso timbre, pero la gente apegada a la tradicional bulla, al compadrazgo, a la vecindad, hacen detener el bus con un sonoro, coloquial y oportuno grito de Parada!
Así es, la gente en la Costa cuando llega a su lugar profiere un grito que se refunde en el bochorno, se pierde en el salitre del ambiente y llega al conductor que suda una sustancia viscosa que el casi nunca efectivo Yodora puede detener.
En Bogotá, salvo que el conductor decida llevarlo a uno más cerca de su mamita, no nuestra mamita, sino la mamita del gamberro que conduce el bus, preferimos tocar ese timbre de buseta que se asemeja a las mamas femeninas, sin embargo y me declaro en este punto un defensor acérrimo de tan representativo timbre y es que esta joya nuestra que está desapareciendo del transporte público, como si no les bastara con el reparcheo de las calles ahora también nos quieren quitar más cosas de nuestra identidad. No quiero imaginar el día que Bogotá se parezca más a una ciudad del segundo mundo y ya no tenga nada que contarle a mis hijos.
Bueno, pero mi idea inicial, que no estaba relacionada con estas vainas de la idiosincrasia nacional o pueblerina, era hablar un poco de la vida del Bogotano promedio que malgasta su vida en una buseta y yo haciendo cuentas de inspector, pude llegar a una conclusión aterradora, digamos que un capitalino debe realizar dos viajes en el día, uno que lo lleva a su trabajo o universidad y otro que lo trae de vuelta a su casa. En promedio cada recorrido y siendo amables y sin incluir a transmilleno, dura una hora, es decir que al día el pobre tipo se gasto dos horas de su vida realizando actividades tan variadas como dormir, leer copias de la U, escuchar música, responder correos gracias a los avances de la tecnología o mirar por la mugrosa ventana como pasa su vida sin que pase nada!!
Sigamos entonces con las cuentas, en una semana sin incluir fines de semana, van 10 horas de su vida, al año, es decir 52 semanas, tenemos 520 horas de improductividad, en diez años 5200 horas. ¿Usted sabe que es eso?, obvio que no, no lo sabe, porque no ha hecho la cuenta y la verdad yo tampoco la había hecho pero es que no sé que más escribir, por cierto esta entrada esta un hueso, si quiere y puede darselas de interesante le recomiendo el doodle de Hertz, si quiere algo chistoso los sábados con el diario Hoy están entregando una separata de chistes de Condorito.
Bueno, ya que me quede con los que son, así como en las clases de - Ponga aquí su materia preferida en la universidad, colegio y/o guardería - sigamos con este ejercicio, un Bogotano entonces, tiene que convivir con esta vaina de los buses al menos durante 40 años de vida productiva, además inventos como el pico y placa, el día sin carro y el aumento en la delincuencia en los taxis obligan a que no haya más remedio que la busetica.
Ojo ahora si a este dato, porque que cosa miedosa, mejor dicho el viejito de Saw es un bebe de brazos ante tamaña injusticia, en 40 años usted ha permanecido en un bus durante 20800 horas, lo equivalente a 866,67 días, dos años y medio mal contados. Ahora si usted ve esa cifra entenderá porque el Bogotano hace del bus su casa.
Y empecemos entonces ahora si con la entrada, erase una vez una buseta, llena de gente, tranquilos que la historia de la buseta como baño de la casa queda a la imaginación de cada quien, aunque estoy seguro que las historias no solo no faltan sino que sobran! Finalmente, Erase una buseta, con el perrito que movía la cabecita, con el peluche que decoraba sutilmente la palanca de cambios, con el forro ese que cubre el respaldar del asiento, que tiene grabado en letras verde tóxicas el anuncio de prohibido fumar como en setenta idiomas, si ese mismo que el chistoso en la ruta del colegio alguna vez se puso encima de los pantalones como si fuera un calzoncillo y desfiló como en pasarela hasta que el conductor gruñó, - Ponga aquí la voz de su conductor de bus de confianza - Bengoechea no se me tire los forritos que son nuevos, vea que eso es para su servicio.
Este busesito, transitaba por unas callecitas así todas llenas de huequitos, paraba y recogía gente, personal que se aglutinaba como una masa homogénea de olores, colores y ruidos. El busesito a eso del medio día seguía en su trabajo y ahora las gentes se subían hambrientas, con paquetes como Maicitos que huelen a pecuequitos, pastelitos de pollo con una tonalidad cetrina y obviamente no falta el degeneradito que compra un cuarto de pollito Broaster y también se lo come sin rubor, es más hace maromas para sostener la avenita helada que le enciman como sobremesa.
Estas atrocidades que no son más que nuestra idiosincrasia me hacen pensar que el modelo de bus, se replica en la ciudad, se esta multiplicando de forma agresiva, no es más que intentar almorzar en una rotonda de comidas de cualquier centro comercial para padecer el hacinamiento en el que nos gusta vivir, es lo que los twitteros llamarían el busetastyle.
Si usted va, haga de cuenta un domingo a Unicentro y se le ocurre para aprovechar su estadía en el lugar ir a almorzar, tenga presenta que existen al menos 300 comercios dedicados a la comida - Nota al margen, que palabra sabrosa esa de comercio - y por ahí dos mesas para estos 300 comercios. Sugerencia, no vaya al medio día, madrugue, almuerce tipo nueve de la mañana, cuando las papas ni siquiera están en la olla, a esa hora puede contemplar las mesas vacías y evitar que al medio día, usted tenga que almorzar en una silla caliente recién abandonada por una señora que engulló sin reparos una bandeja paisa y que para más piedra dejo todo ahí tirado, inclusive restos atomizados de salsa de frijoles, arroz y un pintado de yema de huevo sobre el borde que al usted sentarse le manchan no la camisa sino el alma.
Si usted intenta conseguir alguien que le limpie la mesa, es una aventura casi comparable a la bajada de transmilleno en hora pico, no solo tiene que traer a la señora a los empellones sino que tiene que echarle un ojo a la mesa para que la horda de buitres que acechan mesas no le picoteen la suya.
Si usted logra esto, créame que no ha logrado nada todavía, ya que una señora que carga un bebe lo mira con cara de muñeco Jordano o Yordano y si no sabe de que le hablo ya que en su generación no flirteaban con la jeta de este mamarracho en una esquela o credencial le recomiendo buscarlo en imágenes de google para que se enamore de una vez por todas de los 80´s.
Esta señora que tiene también una pequeña variación en la versión embarazada, casi que lo obligará a pararse de la mesa, entonces pueden ocurrir dos cosas que usted este solo como un hongo y no tenga más remedio que levantarse de su preciado trofeo o que este acompañado y no tenga más remedio que cargar al muchachito mientras la madre busca una mesa para ella. Haga de cuenta, como cuando uno va en bus, lleva una maleta y una señora o un señor le ofrece a usted cargar sus pertenencias.
Este suceso es imperceptible ante la mirada esculquetas que la gente le hace cuando usted empieza a comer, hombres y mujeres gordos que miran su plato tratando de identificar el restaurante y medir comparativamente el tamaño del plato y desearlo como quien desea la mujer de otro, personajes con la mirada extraviada que chasquean el chicle tratando de encontrar en el sabor desabrido de la goma un poco de sabor a carne, niños que lo miran con cara de terror cada vez que lleva a su boca grasosa una presa de pollo.
Gente que atraviesa su cuerpo en el reducido espacio que existe en las mesas y los corredores procurando siempre no derramar una gaseosa de colores radiactivos que por lo general esta al margen legal de llenado. Para rematar las escalaras eléctricas vomitan sin piedad una cantidad no despreciable de comensales dispuestos a comer en mesas improvisadas que casi siempre ocupan una convención de viejos nonagenarios que tienen como caudillo a un zoquete de gorra y camiseta de alguna filiación política cristina, diga usted Mira y hacer de ese lugar un hervidero humano, una sucursal más del averno en la tierra.
Si pregunta usted, Dios mio porque me abandonaste en este sitio, déjeme decirle, que a modo de interpretación propia, considero que el mismísimo Belzebú es el encargado de la logística de esta clase de lugares y su primo Mefistófeles es el encargo del transporte. No se usted, pero yo la verdad ampliaría el concepto de la idiosincrasia aumentando un capítulo en centros comerciales. Bueno, ¿Ustedes que Opinan?
Así es, la gente en la Costa cuando llega a su lugar profiere un grito que se refunde en el bochorno, se pierde en el salitre del ambiente y llega al conductor que suda una sustancia viscosa que el casi nunca efectivo Yodora puede detener.
En Bogotá, salvo que el conductor decida llevarlo a uno más cerca de su mamita, no nuestra mamita, sino la mamita del gamberro que conduce el bus, preferimos tocar ese timbre de buseta que se asemeja a las mamas femeninas, sin embargo y me declaro en este punto un defensor acérrimo de tan representativo timbre y es que esta joya nuestra que está desapareciendo del transporte público, como si no les bastara con el reparcheo de las calles ahora también nos quieren quitar más cosas de nuestra identidad. No quiero imaginar el día que Bogotá se parezca más a una ciudad del segundo mundo y ya no tenga nada que contarle a mis hijos.
Bueno, pero mi idea inicial, que no estaba relacionada con estas vainas de la idiosincrasia nacional o pueblerina, era hablar un poco de la vida del Bogotano promedio que malgasta su vida en una buseta y yo haciendo cuentas de inspector, pude llegar a una conclusión aterradora, digamos que un capitalino debe realizar dos viajes en el día, uno que lo lleva a su trabajo o universidad y otro que lo trae de vuelta a su casa. En promedio cada recorrido y siendo amables y sin incluir a transmilleno, dura una hora, es decir que al día el pobre tipo se gasto dos horas de su vida realizando actividades tan variadas como dormir, leer copias de la U, escuchar música, responder correos gracias a los avances de la tecnología o mirar por la mugrosa ventana como pasa su vida sin que pase nada!!
Sigamos entonces con las cuentas, en una semana sin incluir fines de semana, van 10 horas de su vida, al año, es decir 52 semanas, tenemos 520 horas de improductividad, en diez años 5200 horas. ¿Usted sabe que es eso?, obvio que no, no lo sabe, porque no ha hecho la cuenta y la verdad yo tampoco la había hecho pero es que no sé que más escribir, por cierto esta entrada esta un hueso, si quiere y puede darselas de interesante le recomiendo el doodle de Hertz, si quiere algo chistoso los sábados con el diario Hoy están entregando una separata de chistes de Condorito.
Bueno, ya que me quede con los que son, así como en las clases de - Ponga aquí su materia preferida en la universidad, colegio y/o guardería - sigamos con este ejercicio, un Bogotano entonces, tiene que convivir con esta vaina de los buses al menos durante 40 años de vida productiva, además inventos como el pico y placa, el día sin carro y el aumento en la delincuencia en los taxis obligan a que no haya más remedio que la busetica.
Ojo ahora si a este dato, porque que cosa miedosa, mejor dicho el viejito de Saw es un bebe de brazos ante tamaña injusticia, en 40 años usted ha permanecido en un bus durante 20800 horas, lo equivalente a 866,67 días, dos años y medio mal contados. Ahora si usted ve esa cifra entenderá porque el Bogotano hace del bus su casa.
Y empecemos entonces ahora si con la entrada, erase una vez una buseta, llena de gente, tranquilos que la historia de la buseta como baño de la casa queda a la imaginación de cada quien, aunque estoy seguro que las historias no solo no faltan sino que sobran! Finalmente, Erase una buseta, con el perrito que movía la cabecita, con el peluche que decoraba sutilmente la palanca de cambios, con el forro ese que cubre el respaldar del asiento, que tiene grabado en letras verde tóxicas el anuncio de prohibido fumar como en setenta idiomas, si ese mismo que el chistoso en la ruta del colegio alguna vez se puso encima de los pantalones como si fuera un calzoncillo y desfiló como en pasarela hasta que el conductor gruñó, - Ponga aquí la voz de su conductor de bus de confianza - Bengoechea no se me tire los forritos que son nuevos, vea que eso es para su servicio.
Este busesito, transitaba por unas callecitas así todas llenas de huequitos, paraba y recogía gente, personal que se aglutinaba como una masa homogénea de olores, colores y ruidos. El busesito a eso del medio día seguía en su trabajo y ahora las gentes se subían hambrientas, con paquetes como Maicitos que huelen a pecuequitos, pastelitos de pollo con una tonalidad cetrina y obviamente no falta el degeneradito que compra un cuarto de pollito Broaster y también se lo come sin rubor, es más hace maromas para sostener la avenita helada que le enciman como sobremesa.
Estas atrocidades que no son más que nuestra idiosincrasia me hacen pensar que el modelo de bus, se replica en la ciudad, se esta multiplicando de forma agresiva, no es más que intentar almorzar en una rotonda de comidas de cualquier centro comercial para padecer el hacinamiento en el que nos gusta vivir, es lo que los twitteros llamarían el busetastyle.
Si usted va, haga de cuenta un domingo a Unicentro y se le ocurre para aprovechar su estadía en el lugar ir a almorzar, tenga presenta que existen al menos 300 comercios dedicados a la comida - Nota al margen, que palabra sabrosa esa de comercio - y por ahí dos mesas para estos 300 comercios. Sugerencia, no vaya al medio día, madrugue, almuerce tipo nueve de la mañana, cuando las papas ni siquiera están en la olla, a esa hora puede contemplar las mesas vacías y evitar que al medio día, usted tenga que almorzar en una silla caliente recién abandonada por una señora que engulló sin reparos una bandeja paisa y que para más piedra dejo todo ahí tirado, inclusive restos atomizados de salsa de frijoles, arroz y un pintado de yema de huevo sobre el borde que al usted sentarse le manchan no la camisa sino el alma.
Si usted intenta conseguir alguien que le limpie la mesa, es una aventura casi comparable a la bajada de transmilleno en hora pico, no solo tiene que traer a la señora a los empellones sino que tiene que echarle un ojo a la mesa para que la horda de buitres que acechan mesas no le picoteen la suya.
Si usted logra esto, créame que no ha logrado nada todavía, ya que una señora que carga un bebe lo mira con cara de muñeco Jordano o Yordano y si no sabe de que le hablo ya que en su generación no flirteaban con la jeta de este mamarracho en una esquela o credencial le recomiendo buscarlo en imágenes de google para que se enamore de una vez por todas de los 80´s.
Esta señora que tiene también una pequeña variación en la versión embarazada, casi que lo obligará a pararse de la mesa, entonces pueden ocurrir dos cosas que usted este solo como un hongo y no tenga más remedio que levantarse de su preciado trofeo o que este acompañado y no tenga más remedio que cargar al muchachito mientras la madre busca una mesa para ella. Haga de cuenta, como cuando uno va en bus, lleva una maleta y una señora o un señor le ofrece a usted cargar sus pertenencias.
Este suceso es imperceptible ante la mirada esculquetas que la gente le hace cuando usted empieza a comer, hombres y mujeres gordos que miran su plato tratando de identificar el restaurante y medir comparativamente el tamaño del plato y desearlo como quien desea la mujer de otro, personajes con la mirada extraviada que chasquean el chicle tratando de encontrar en el sabor desabrido de la goma un poco de sabor a carne, niños que lo miran con cara de terror cada vez que lleva a su boca grasosa una presa de pollo.
Gente que atraviesa su cuerpo en el reducido espacio que existe en las mesas y los corredores procurando siempre no derramar una gaseosa de colores radiactivos que por lo general esta al margen legal de llenado. Para rematar las escalaras eléctricas vomitan sin piedad una cantidad no despreciable de comensales dispuestos a comer en mesas improvisadas que casi siempre ocupan una convención de viejos nonagenarios que tienen como caudillo a un zoquete de gorra y camiseta de alguna filiación política cristina, diga usted Mira y hacer de ese lugar un hervidero humano, una sucursal más del averno en la tierra.
Si pregunta usted, Dios mio porque me abandonaste en este sitio, déjeme decirle, que a modo de interpretación propia, considero que el mismísimo Belzebú es el encargado de la logística de esta clase de lugares y su primo Mefistófeles es el encargo del transporte. No se usted, pero yo la verdad ampliaría el concepto de la idiosincrasia aumentando un capítulo en centros comerciales. Bueno, ¿Ustedes que Opinan?
viernes, 10 de febrero de 2012
El Bus de Placas SB-5704
Recuerdo sin ningún tipo de nostalgia las viejas placas Colombianas, unos artilugios negros con dos letras verticales y cuatro números ubicados de forma horizontal, de esas mismas placas es posible ubicar la foto en imágenes de Google la placa del bus que lleva como título esta entrada.
Ahora bien, menciono este tipo de cosas porque si existe algo que me enferma más cuando monto en bus, es que el mismo conductor o el ayudante, si el mismo que sabe Ñero - Do y un arte no mencionado en mi pasada entrada que es el Garbim - Fu, me devuelvan mis vueltas de un prístino e impecable billete de $5.000 pesos casi recién emitido por el Banco de la República con billetes sacados de las entrañas de la calle del Bronx o de cualquier habitante menesteroso y mugroso que abunda en las calles.
De niño, recuerdo con absoluta claridad que mi papá mencionaba que los billetes fuera de su valor nominal contenían una cantidad no despreciable de mugre, suciedades y cochinadas perceptibles en laboratorio, por lo cuál era prudente que lavará mis manos después de tener contacto con el dinero. En esa época no padecía de los buses por lo cuál su recomendación era un poco exagerada para mi.
Ahora cada vez que recibo esta clase de billetes, algunos parecieran que se deshicieran, siento un deseo profundo, casi criminal de llevar conmigo, una provisión de monedas de cincuenta pesos, si las mismas que también detesto cuando me las dan en los buses, y pagar los $1.450 pesos del bus con estas monedas. Exactamente 29 monedas de $50 pesos. Si esta haciendo la cuenta en este momento con los dedos porque no me cree, tómese su tiempo, puede ayudar que $100 pesos equivalen a 2 monedas de $50 pesos. ¡Es un tip, nada más que eso!
Sin embargo y tratando de hilar esta entrada en relación a los viejos, no los viejos billetes sino los viejos en general, no dejo de pensar en esos viejos juveniles que ahora asoman en las calles como momias tratando de refrescar viejos recuerdos en sus cabezas. Algunos días atrás, en el centro de Bogotá, un viejo me aparto de su camino con su mano huesuda y temblorosa, con su lenguaje confuso que ahora entiendo gracias a uno de los emboladores de mi trabajo asumí que necesitaba pasar. Su cara estaba por explotar, lo mire y pensé en tantas personas que mueren espontáneamente mientras se alteran, le recomendé regresar a su urna mortuoria que por la cantidad de museos cercanos al lugar donde estábamos debía estar a solo algunos pasos del lugar.
Luego seguí mi camino, una vieja de mirada pérdida y con una prominente barba deambulaba recorriendo la calle acompañada de un dispositivo que le permitía respirar, parecía desconcertada con la cantidad de personas que transitaban por la misma vía que ella. Su regreso a la realidad se produjo cuando otra anciana igual de enajenada que ella le saco su chancleta, fue una batalla épica de al menos ciento ochenta años en juego. Las hubiese separado pero temí encontrarme en un nuevo reality callejero al mejor estilo de RCN, una especie de Peleando por un Sueño, con protagonistas todos de la tercera edad que desean al menos una caja de dientes, sin importar que esta sea nueva o usada.
El centro me estaba pareciendo entonces, un lugar más que peligroso demasiado confuso, los vendedores de pescado fresco cerca de la Plaza de las Nieves evocaban un halo de misterio, algunas mujeres ataviadas con batas blancas y uñas curtidas ofrecían menús variados. La presencia de variados hedores que juntos forman un almizcle de putrefacción acompañaron mi recorrido hasta mi destino final. Ansié subir a un bus, percibir a través de un vidrio mal lavado la vejez de nuestras mentes que nos obliga ver la suciedad en todo. Sería bueno ser niño y pensar que los papas exageran bastante con sus historias.
Ahora bien, menciono este tipo de cosas porque si existe algo que me enferma más cuando monto en bus, es que el mismo conductor o el ayudante, si el mismo que sabe Ñero - Do y un arte no mencionado en mi pasada entrada que es el Garbim - Fu, me devuelvan mis vueltas de un prístino e impecable billete de $5.000 pesos casi recién emitido por el Banco de la República con billetes sacados de las entrañas de la calle del Bronx o de cualquier habitante menesteroso y mugroso que abunda en las calles.
De niño, recuerdo con absoluta claridad que mi papá mencionaba que los billetes fuera de su valor nominal contenían una cantidad no despreciable de mugre, suciedades y cochinadas perceptibles en laboratorio, por lo cuál era prudente que lavará mis manos después de tener contacto con el dinero. En esa época no padecía de los buses por lo cuál su recomendación era un poco exagerada para mi.
Ahora cada vez que recibo esta clase de billetes, algunos parecieran que se deshicieran, siento un deseo profundo, casi criminal de llevar conmigo, una provisión de monedas de cincuenta pesos, si las mismas que también detesto cuando me las dan en los buses, y pagar los $1.450 pesos del bus con estas monedas. Exactamente 29 monedas de $50 pesos. Si esta haciendo la cuenta en este momento con los dedos porque no me cree, tómese su tiempo, puede ayudar que $100 pesos equivalen a 2 monedas de $50 pesos. ¡Es un tip, nada más que eso!
Sin embargo y tratando de hilar esta entrada en relación a los viejos, no los viejos billetes sino los viejos en general, no dejo de pensar en esos viejos juveniles que ahora asoman en las calles como momias tratando de refrescar viejos recuerdos en sus cabezas. Algunos días atrás, en el centro de Bogotá, un viejo me aparto de su camino con su mano huesuda y temblorosa, con su lenguaje confuso que ahora entiendo gracias a uno de los emboladores de mi trabajo asumí que necesitaba pasar. Su cara estaba por explotar, lo mire y pensé en tantas personas que mueren espontáneamente mientras se alteran, le recomendé regresar a su urna mortuoria que por la cantidad de museos cercanos al lugar donde estábamos debía estar a solo algunos pasos del lugar.
Luego seguí mi camino, una vieja de mirada pérdida y con una prominente barba deambulaba recorriendo la calle acompañada de un dispositivo que le permitía respirar, parecía desconcertada con la cantidad de personas que transitaban por la misma vía que ella. Su regreso a la realidad se produjo cuando otra anciana igual de enajenada que ella le saco su chancleta, fue una batalla épica de al menos ciento ochenta años en juego. Las hubiese separado pero temí encontrarme en un nuevo reality callejero al mejor estilo de RCN, una especie de Peleando por un Sueño, con protagonistas todos de la tercera edad que desean al menos una caja de dientes, sin importar que esta sea nueva o usada.
El centro me estaba pareciendo entonces, un lugar más que peligroso demasiado confuso, los vendedores de pescado fresco cerca de la Plaza de las Nieves evocaban un halo de misterio, algunas mujeres ataviadas con batas blancas y uñas curtidas ofrecían menús variados. La presencia de variados hedores que juntos forman un almizcle de putrefacción acompañaron mi recorrido hasta mi destino final. Ansié subir a un bus, percibir a través de un vidrio mal lavado la vejez de nuestras mentes que nos obliga ver la suciedad en todo. Sería bueno ser niño y pensar que los papas exageran bastante con sus historias.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Tercer Viaje
Son pasadas las diez de la noche, uno sale de cualquier sitio y toma un bus por la carrera séptima, si usted es un lector extranjero preste atención a lo que sigue porque esta situación revela el precario sistema de transporte público que circula por las calles de Colombia. El bus que se aproxima a usted a una velocidad cercana a la empleada por el camión de la basura se detiene ante usted, antes, usted reconoce en un vistoso cartel los barrios donde ira el vehículo y en el frente de este, el nombre del bus, que puede tomar nombres tan simples como espeluznantes. "Topogigio", "Termineitor", "El Arka de Jeison" o "La Consentida" entre otros elegidos al azar.
Al abordar el bus, recuerdo que en mis épocas de universitario, mis amigos y yo, llamábamos a este servicio nocturno el Crucero del Amor, si usted amigo lector ya paso del tercer piso recordará de forma jacarandosa la existencia de esta serie, en cambio si usted aún no llega a este piso, le recomiendo hacer uso del buscador de Google y ver las imágenes relacionadas con este exitoso programa, si su intención es conocer la trama de la serie bien puede ir a Wikipedia.
Siguiendo con esto, al abordar el bus y realizar el pago, lo primero que se nota es el aspecto lúgubre del bus, el conductor en este caso cumple el rol de capitán del crucero e ira acompañado de un primer oficial que será el encargado de recibir el pago del tiquete, las vueltas sin importar la denominación del billete que usted entregue serán devueltas en preciadas monedas de cincuenta pesos, tan escasas en estos tiempos. Lo más recomendable dada la hora y su posible cansancio es evitar la discusión con el primer oficial a pesar de la corta edad de este, ya que es un avezado conocedor de las artes del Ñero - Do y del complicado y siempre efectivo uso del gonorreísmo.
Usted después de esta situación avanzará por un sórdido corredor y al observar los pasajeros del crucero notará con curiosidad la existencia de al menos una pareja probada en las artes amatorias, un oficinista casi siempre bancario con pinta de ser contador con el último botón desabrochado; de acuerdo al estado en el que el se encuentre, pueden suceder dos situaciones, la primera que la música estridente que ambienta al crucero sea marcada con un ritmo sin igual surgido del golpe de la argolla matrimonial sobre el cristal que cumple las veces de ventana o una segunda, que el cansancio natural del bancario dada la hora lo mantenga sometido a los placeres oníricos. Un tercer ocupante es el mismísimo borracho que deja escapar de su interior vapores etílicos que impregnan el crucero, otro sujeto con cara de cascarero o rata observa con avidez las calles de la ciudad, esperando el momento adecuado para descender e ir por su presa. Al fondo, en el puesto de los músicos tres jóvenes ramplones que escupen las escalerillas de la salida mientras discuten el tamaño de los senos de alguna conocida.
Usted se sienta y las melodiosas notas de la música invaden sus oídos, la temible salsa de alcoba es la preferida por el capitán que desde la estación de mando controla no solo el timón sino las luces fluorescentes de variados colores que terminan de atiborrar su mente de sensaciones. No hace falta explicar que las letras de la salsa de alcoba incluyen palabras como hacer, amor, piel, desnuda, caricia, amante y fugaz, debo aclarar que en algunas ocasiones y dada la hora estas palabras pueden ser también utilizadas en el Ñero - Rap.
Es probable que dada la velocidad del vehículo se monten una serie de pasajeros tan variados como los discos compactos que adornan el habitáculo del conductor, también es muy factible que un vendedor de comestibles de fecha de vencimiento indeterminada realice una última venta de galletas wafer de sabor a mandarina. Usted en este punto querrá llegar a su destino y olvidar por completo la experiencia del crucero del amor abordo del "Arka de Jeison", al menos a la velocidad camión de basura a la que es usted transportado, a su paciencia solo le restan ochenta cuadras de aventuras inolvidables. Tranquilo, relájese y déjese atender!
Al abordar el bus, recuerdo que en mis épocas de universitario, mis amigos y yo, llamábamos a este servicio nocturno el Crucero del Amor, si usted amigo lector ya paso del tercer piso recordará de forma jacarandosa la existencia de esta serie, en cambio si usted aún no llega a este piso, le recomiendo hacer uso del buscador de Google y ver las imágenes relacionadas con este exitoso programa, si su intención es conocer la trama de la serie bien puede ir a Wikipedia.
Siguiendo con esto, al abordar el bus y realizar el pago, lo primero que se nota es el aspecto lúgubre del bus, el conductor en este caso cumple el rol de capitán del crucero e ira acompañado de un primer oficial que será el encargado de recibir el pago del tiquete, las vueltas sin importar la denominación del billete que usted entregue serán devueltas en preciadas monedas de cincuenta pesos, tan escasas en estos tiempos. Lo más recomendable dada la hora y su posible cansancio es evitar la discusión con el primer oficial a pesar de la corta edad de este, ya que es un avezado conocedor de las artes del Ñero - Do y del complicado y siempre efectivo uso del gonorreísmo.
Usted después de esta situación avanzará por un sórdido corredor y al observar los pasajeros del crucero notará con curiosidad la existencia de al menos una pareja probada en las artes amatorias, un oficinista casi siempre bancario con pinta de ser contador con el último botón desabrochado; de acuerdo al estado en el que el se encuentre, pueden suceder dos situaciones, la primera que la música estridente que ambienta al crucero sea marcada con un ritmo sin igual surgido del golpe de la argolla matrimonial sobre el cristal que cumple las veces de ventana o una segunda, que el cansancio natural del bancario dada la hora lo mantenga sometido a los placeres oníricos. Un tercer ocupante es el mismísimo borracho que deja escapar de su interior vapores etílicos que impregnan el crucero, otro sujeto con cara de cascarero o rata observa con avidez las calles de la ciudad, esperando el momento adecuado para descender e ir por su presa. Al fondo, en el puesto de los músicos tres jóvenes ramplones que escupen las escalerillas de la salida mientras discuten el tamaño de los senos de alguna conocida.
Usted se sienta y las melodiosas notas de la música invaden sus oídos, la temible salsa de alcoba es la preferida por el capitán que desde la estación de mando controla no solo el timón sino las luces fluorescentes de variados colores que terminan de atiborrar su mente de sensaciones. No hace falta explicar que las letras de la salsa de alcoba incluyen palabras como hacer, amor, piel, desnuda, caricia, amante y fugaz, debo aclarar que en algunas ocasiones y dada la hora estas palabras pueden ser también utilizadas en el Ñero - Rap.
Es probable que dada la velocidad del vehículo se monten una serie de pasajeros tan variados como los discos compactos que adornan el habitáculo del conductor, también es muy factible que un vendedor de comestibles de fecha de vencimiento indeterminada realice una última venta de galletas wafer de sabor a mandarina. Usted en este punto querrá llegar a su destino y olvidar por completo la experiencia del crucero del amor abordo del "Arka de Jeison", al menos a la velocidad camión de basura a la que es usted transportado, a su paciencia solo le restan ochenta cuadras de aventuras inolvidables. Tranquilo, relájese y déjese atender!
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