miércoles, 22 de febrero de 2012

Parada!!

Alguna vez escuche que subir y andar en un bus de una ciudad o de un pueblo me iba a mostrar con exactitud la forma de ser de las personas del lugar, en la costa por ejemplo las personas de allá, no timbran el botoncito aquel que se ha prestado para comparaciones como el bien conocido pezón femenino y aprovecho para recordar la popularmente conocida escala mamaria, que por si alguien no la conoce, arranca con el mismísimo timbre de buseta, pasa por el pezón mortadela, da un salto y  llega al huevo de gallina y como no olvidar la siempre demandada turbina de avión. Ahora bien, en la costa los buses pueda que tengan el dichoso timbre, pero la gente apegada a la tradicional bulla, al compadrazgo, a la vecindad, hacen detener el bus con un sonoro, coloquial y oportuno grito de Parada!

Así es, la gente en la Costa cuando llega a su lugar profiere un grito que se refunde en el bochorno, se pierde en el salitre del ambiente y llega al conductor que suda una sustancia viscosa que el casi nunca efectivo Yodora puede detener.

En Bogotá, salvo que el conductor decida llevarlo a uno más cerca de su mamita, no nuestra mamita, sino la mamita del gamberro que conduce el bus, preferimos tocar ese timbre de buseta que se asemeja a las mamas femeninas, sin embargo y me declaro en este punto un defensor acérrimo de tan representativo timbre y es que esta joya nuestra que está desapareciendo del transporte público, como si no les bastara con el reparcheo de las calles ahora también nos quieren quitar más cosas de nuestra identidad. No quiero imaginar el día que Bogotá se parezca más a una ciudad del segundo mundo y ya no tenga nada que contarle a mis hijos.

Bueno, pero mi idea inicial, que no estaba relacionada con estas vainas de la idiosincrasia nacional o pueblerina, era hablar un poco de la vida del Bogotano promedio que malgasta su vida en una buseta y yo haciendo cuentas de inspector, pude llegar a una conclusión aterradora, digamos que un capitalino debe realizar dos viajes en el día, uno que lo lleva a su trabajo o universidad y otro que lo trae de vuelta a su casa. En promedio cada recorrido y siendo amables y sin incluir a transmilleno, dura una hora, es decir que al día el pobre tipo se gasto dos horas de su vida realizando actividades tan variadas como dormir, leer copias de la U, escuchar música, responder correos gracias a los avances de la tecnología o mirar por la mugrosa ventana como pasa su vida sin que pase nada!!

Sigamos entonces con las cuentas, en una semana sin incluir fines de semana, van 10 horas de su vida, al año, es decir 52 semanas, tenemos 520 horas de improductividad, en diez años 5200 horas. ¿Usted sabe que es eso?, obvio que no, no lo sabe, porque no ha hecho la cuenta y la verdad yo tampoco la había hecho pero es que no sé que más escribir, por cierto esta entrada esta un hueso, si quiere y puede darselas de interesante le recomiendo el doodle de Hertz, si quiere algo chistoso los sábados con el diario Hoy están entregando una separata de chistes de Condorito.

Bueno, ya que me quede con los que son, así como en las clases de - Ponga aquí su materia preferida en la universidad, colegio y/o guardería - sigamos con este ejercicio, un Bogotano entonces, tiene que convivir con esta vaina de los buses al menos durante 40 años de vida productiva, además inventos como el pico y placa, el día sin carro y el aumento en la delincuencia en los taxis obligan a que no haya más remedio que la busetica.

Ojo ahora si a este dato, porque que cosa miedosa, mejor dicho el viejito de Saw es un bebe de brazos ante tamaña injusticia, en 40 años usted ha permanecido en un bus durante 20800 horas, lo equivalente a 866,67 días, dos años y medio mal contados. Ahora si usted ve esa cifra entenderá porque el Bogotano hace del bus su casa.

Y empecemos entonces ahora si con la entrada, erase una vez una buseta, llena de gente, tranquilos que la historia de la buseta como baño de la casa queda a la imaginación de cada quien, aunque estoy seguro que las historias no solo no faltan sino que sobran! Finalmente, Erase una buseta, con el perrito que movía la cabecita, con el peluche que decoraba sutilmente la palanca de cambios, con el forro ese que cubre el respaldar del asiento, que tiene grabado en letras verde tóxicas el anuncio de prohibido fumar como en setenta idiomas, si ese mismo que el chistoso en la ruta del colegio alguna vez se puso encima de los pantalones como si fuera un calzoncillo y desfiló como en pasarela hasta que el conductor gruñó, - Ponga aquí la voz de su conductor de bus de confianza - Bengoechea no se me tire los forritos que son nuevos, vea que eso es para su servicio.

Este busesito, transitaba por unas callecitas así todas llenas de huequitos, paraba y recogía gente, personal que se aglutinaba como una masa homogénea de olores, colores y ruidos. El busesito a eso del medio día seguía en su trabajo y ahora las gentes se subían hambrientas, con paquetes como Maicitos que huelen a pecuequitos, pastelitos de pollo con una tonalidad cetrina y obviamente no falta el degeneradito que compra un cuarto de pollito Broaster y también se lo come sin rubor, es más hace maromas para sostener la avenita helada que le enciman como sobremesa.

Estas atrocidades que no son más que nuestra idiosincrasia me hacen pensar que el modelo de bus, se replica  en la ciudad, se esta multiplicando de forma agresiva, no es más que intentar almorzar en una rotonda de comidas de cualquier centro comercial para padecer el hacinamiento en el que nos gusta vivir, es lo que los twitteros llamarían el busetastyle.

Si usted va, haga de cuenta un domingo a Unicentro y se le ocurre para aprovechar su estadía en el lugar ir a almorzar, tenga presenta que existen al menos 300 comercios dedicados a la comida - Nota al margen, que palabra sabrosa esa de comercio - y por ahí dos mesas para estos 300 comercios. Sugerencia, no vaya al medio día, madrugue, almuerce tipo nueve de la mañana, cuando las papas ni siquiera están en la olla, a esa hora puede contemplar las mesas vacías y evitar que al medio día, usted tenga que almorzar en una silla caliente recién abandonada por una señora que engulló sin reparos una bandeja paisa y que para más piedra dejo todo ahí tirado, inclusive restos atomizados de salsa de frijoles, arroz y un pintado de yema de huevo sobre el borde que al usted sentarse le manchan no la camisa sino el alma.

Si usted intenta conseguir alguien que le limpie la mesa, es una aventura casi comparable a la bajada de transmilleno en hora pico, no solo tiene que traer a la señora a los empellones sino que tiene que echarle un ojo a la mesa para que la horda de buitres que acechan mesas no le picoteen la suya.

Si usted logra esto, créame que no ha logrado nada todavía, ya que una señora que carga un bebe lo mira con cara de muñeco Jordano o Yordano y si no sabe de que le hablo ya que en su generación no flirteaban con la jeta de este mamarracho en una esquela o credencial le recomiendo buscarlo en imágenes de google para que se enamore de una vez por todas de los 80´s.

Esta señora que tiene también una pequeña variación en la versión embarazada, casi que lo obligará a pararse de la mesa, entonces pueden ocurrir dos cosas que usted este solo como un hongo y no tenga más remedio que levantarse de su preciado trofeo o que este acompañado y no tenga más remedio que cargar al muchachito mientras la madre busca una mesa para ella. Haga de cuenta, como cuando uno va en bus, lleva una maleta y una señora o un señor le ofrece a usted cargar sus pertenencias.

Este suceso es imperceptible ante la mirada esculquetas que la gente le hace cuando usted empieza a comer, hombres y mujeres gordos que miran su plato tratando de identificar el restaurante y medir comparativamente el tamaño del plato y desearlo como quien  desea la mujer de otro, personajes con la mirada extraviada que chasquean el chicle tratando de encontrar en el sabor desabrido de la goma un poco de sabor a carne, niños que lo miran con cara de terror cada vez que lleva a su boca grasosa una presa de pollo.  

Gente que atraviesa su cuerpo en el reducido espacio que existe en las mesas y los corredores procurando siempre no derramar una gaseosa de colores radiactivos que por lo general esta al margen legal de llenado. Para rematar las escalaras eléctricas vomitan sin piedad una cantidad no despreciable de comensales dispuestos a comer en mesas improvisadas que casi siempre ocupan una convención de viejos nonagenarios que tienen como caudillo a un zoquete de gorra y camiseta de alguna filiación política cristina, diga usted Mira  y hacer de ese lugar un hervidero humano, una sucursal más del averno en la tierra.

Si pregunta usted, Dios mio porque me abandonaste en este sitio, déjeme decirle, que a modo de interpretación propia, considero que el mismísimo Belzebú es el encargado de la logística de esta clase de lugares y su primo Mefistófeles es el encargo del transporte. No se usted, pero yo la verdad ampliaría el concepto de la idiosincrasia aumentando un capítulo en centros comerciales. Bueno, ¿Ustedes que Opinan?

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